Manuel Vicent

«Las armas no tienen ideología, pero necesitan carne humana para alimentarse»

"Las armas no tienen ideología, pero necesitan carne humana para alimentarse"
El escritor Manuel Vicent. PD

Manuel Vicent constata que en este país estamos faltos de cultura:

¿Y lo entiende así la sociedad? Lledó dijo en los Premios Princesa de Asturias que el humanismo debe disponer de un lugar predominante entre las prioridades de los ciudadanos. Es curioso que sea España el país donde se producen más donaciones de órganos; nos preocupa la salud física y en cambio dejamos sin cuidar la salud intelectual y cultural de la sociedad.

¿Y el museo mismo no está contaminado por el éxito de público que se le exige? que no se pierda la experiencia de la relación de un individuo y una obra de arte. Cada uno debe vivir una experiencia emocionante y memorable.

¿Cómo se hace eso? La escultora Cristina Iglesias nos dio una metáfora con las puertas de la ampliación: esa puerta semiabierta que puedes traspasar pero no sin cierta dificultad. La contemplación del arte no es una cosa pasiva. Hay que abrir las puertas, pero no como si fuera el vomitorio de un campo de fútbol.

Añade que:

¿Cómo mirar un cuadro? Cada uno con sus propios ojos, sin selfies; estamos contra el uso de esos artilugios, contra la moda de autorretratarse, a favor del uso de la parte del cerebro que está a la vista: los ojos. John Berger reclama una mirada singular para ver cuadros. Mirar arte es un acto personal, de una solemne individualidad.
Dice que es como un medicamento venir a un museo. ¿Las autoridades se dan cuenta del valor que tiene para la salud el Museo del Prado? Creo que no como la cultura se merece. No creo que sea un problema de los políticos sino de la sociedad, que ha de reclamar esa posición más prominente de la cultura entre las prioridades de los presupuestos.

A estas alturas, ¿puede identificarse esta sociedad con el trazo grueso que hace Goya de nuestra convivencia? Ya no. Vivimos un momento de cierta decepción; de repente se ha oscurecido y se ha hecho de noche, y dudamos incluso de que la política sea una herramienta útil para la convivencia. Pero creo que en esta noche volverán a salir faros que vayan iluminando el derrotero del país. No sería tan pesimista, aunque es verdad que ahora parece que haya habido un fundido a negro.

Y se pregunta:

¿Por qué ha pasado? ¿Ante qué cuadro del Prado deberíamos recuperar el ánimo? Ante el Jardín de las delicias, de El Bosco, que dice tantas cosas magníficas sobre la condición humana. Las armas no obedecen a los mandos militares. Solo combaten entre ellas con voluntad propia en bandos contrarios, aunque hayan sido engendradas como hermanas en la misma fábrica. A inicios de 1990, después de un enfrentamiento con centenares de muertos entre el Ejército peruano y los rebeldes de Sendero Luminoso se pudo constatar que las fuerzas reaccionarias de Fujimori usaban armamento todavía soviético y los revolucionarios iban armados con material norteamericano. Las armas solo se buscan entre ellas en cualquier lugar del planeta donde haya un conflicto y entran en combate hasta aniquilarse mutuamente. El representante de la fábrica de armamento explica a un consejo de generales las ventajas catastróficas de un nuevo misil inteligente, las prestaciones mortíferas de la bomba de racimo o la perversa imaginación de la mina antipersonas diseñada no para matar sino para colapsar los hospitales del enemigo con niños sin piernas ni brazos. Cuanto más diabólicos sean estos engendros más admiración reciben de los altos mandos militares.

Concluye:

A continuación los ministros del ramo realizan grandes pedidos, que serán usados, revendidos legalmente o de contrabando a quien quiera comprarlos. Los pilotos se levantan, desayunan leche con avena, se duchan, arropan con ternura a su niño que duerme abrazado a un peluche y se despiden de su mujer con un beso: ¡adiós, querida!, ¡adiós, amor mío, que tengas un buen día! Los pilotos suben a los bombarderos y despegan en estado de erección. Gloria a Dios en las alturas. Las armas no tienen ideología, pero necesitan carne humana para alimentarse. Las bombas caen sobre una madre que está guisando para la familia, sobre una pareja de enamorados en la cama, sobre unos niños que juegan en la calle. Los pilotos creen cumplir una alta misión, pero solo obedecen como esclavos el designio de las armas.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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