Santiago López Castillo

La papeleta

La papeleta
Santiago López Castillo. PD

Estamos a unos días, horas -el tiempo no corre vuela, qué gran verdad- de introducir la papeleta en la ranura de las urnas, hecho que no se permitía un par de años ha ni con el carné de identidad entre los dientes, y sí la mano funcionarial mediante sorteo ciudadano. ¡Votó! Ejercíamos el sacro derecho cardenalicio de expresarnos a muerte, o, fuera de finezas, como nos saliera de los cojones. La papeleta, o voluntad popular, está preconcebida desde la propaganda impresa del partido. No creo en ese elevado número de indecisos que sirve de colchón para que los augures ajusten los resultados según convenga. Mismamente las quinielas; que apostamos a un 1 ó 2 fijo y sólo ponemos un dígito adverso por si suena la sorpresa y nos llevamos un buen dinerito. Pasa igual que en los debates que sirven para los titulares de los periódicos dependiendo de la tendencia política de marras.

Ahí andan Rajoy y Sánchez, el presidente del frenillo y el vendedor de la planta de caballeros de El Corte Inglés enzarzados en polémica y tú más bajo la atenta observancia de Campo Vidal, biógrafo de Felipe González y al buen entendedor con pocas palabras bastan. Todo son soluciones y, como se suele decir por estas campas y campiñas, los 365 del año deberían ser contiendas electorales a ver si alguna idea sale fructífera y no huera. Aquí, los españoles nos tomamos los sufragios como una pelea, donde no se va a ganar sino se va contra el adversario a muerte. Es lo del morbo, la sangre en el ruedo, donde antiguamente los cornúpetos reventaban a los equinos de los picadores que no llevaban peto y el personal pedía más caballos.

En estos comicios, los contables de votos proclaman que hay una nutrida participación de jovencitos, esos que jalean al Coleta y luego visten prendas y deportivas de marca pero no saben dónde está Chequia. También pasa con los nuevos presentadores de TV que hablan con faltas de ortografía. La izquierda se ha pasado la vida adoctrinando energúmenos de la Logse y los que descollan se van al extranjero como antiguos indianos. Aquí hace falta sentido común y alguna que otra tunda para la clasificación de los políticamente correctos, que gastan barba salteada, pendientes en cada oreja y calzan mocasines color corinto.

No, mire, me quedo con la conservación, que, según la RAE, es sinónimo de orden y justicia. Y que Dios reparta suerte el 20-D, o sea, pasado mañana, donde las premoniciones suelen guiarse, para votar, más por el vote pronto de la intención propia que por la volea del mérito ajeno. Yo lo tengo claro y seguro.

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