Santiago López Castillo

La soberbia, esa palabra altiva

La soberbia, esa palabra altiva
Santiago López Castillo. PD

Los españoles siempre fuimos pobres pero honrados, y siempre -aunque con carencias, medios se llaman ahora- soñamos con metas inalcanzables, pero soñar no cuesta dinero. Y del ¡que inventen ellos! pasamos a descubrir América cuando Colón no había sido nacionalizado catalán. Nos dio por la aventura, cruzamos el charco incluso a nado, el Madrid fue campeón de Europa, llegamos a la categoría de astronautas, y exportamos médicos y enfermeros, pincha culos critican los envidiosos, o sea, la mejor Sanidad del mundo. Lo malo es cuando llega esa marea de petulantes que vienen del ICADE o el CEU, pongo por caso, instituciones que personalmente admiro y hasta he sido docente en periodismo. En seguida, tal actitud se ataja con el refranero español: dime de qué presumes, y te diré de qué careces.

Las elecciones o el ranking futbolístico mundial han sido exponentes de este pecado de la soberbia, que las máximas del cristianismo contraponen con la humildad. Me he fijado en algún personaje de actualidad, también puede ser Ronaldo, que la mete sin despeinarse, que puede ser alto pero muy bajo de cacumen, con voz atronadora y faltona, para despejar la ecuación por su vanidad o egocentrismo. Lo peor no es eso, que también, sino la falta de respeto y consideración al prójimo. Ese ser que sólo piensa en sí mismo arrogándose gratuitamente el fervor del pueblo. Hombres de esta calaña precisan un oportuno freno para que no salgan los Piqué, el del Barcelona, dando respuestas hasta el cielo de la boca del adversario.

– ¿Me puede decir por dónde va…?
Voy por lo sencillo, por amapolas y espigas, por los pucheros teresianos, por los hábitos gregorianos pero no por la grandilocuencia discerniendo continuamente que cuál es el tamaño de la vida: ¿si el de un ciprés o el de una ballena, el de una hormiga o una mosca a un fiero león?

El personaje en cuestión, que no voy a decir cuál es, estamos n periodo de reflexión, la incubadora del voto, se ha hartado de salir en televisión en esa política de las cadenas emitiendo desde parapentes y sobrecogedores puenting. Los protagonistas, tan contentos, y los moderadores tan mudos haciendo mutis por el foro, fieles a su ideología.

Claro que siempre estará de testigo esa cinta cinematográfica de más grande será la caída. Aún derrotado, el hipotético ser se pirará del mapa y vendrán otros cualquiera para darnos la matraca de que son los más bellos e inteligentes.

Hay un escaparate reservado en las estanterías de El Corte Inglés. Las cosas se venden como se venden. Aunque no valgan un duro.

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