Santiago López Castillo

A por uvas

A por uvas
Santiago López Castillo. PD

Quienes me conocen saben de mi redomado anti taurinismo. Hay una expresión, sin embargo, que el aficionado del ruedo, la redondez sanguinaria sobre el astado, pronuncia cuando el diestro entra a matar y espada y franela saltan por los aires, figura que, al parecer, es ir por uvas… Servidor trata de referirse a las uvas de la Puerta del Sol llena de paletos y de señoritos esnobs, la plaza, que saltan y brincan con las campanadas mientras uno se recoge en la sierra norte madrileña por donde no hay señalizaciones reductoras de velocidad. Pero, desde la distancia, me río yo de los que votaron a la tal Carmena «ahora Madrid», más no siempre, acogotados a impuestos, a tapas, a terrazas, espacios públicos, como gustan decir estos munícipes ácratas, ocupas, malas raleas y otras hierbas.

Para la noche de las campanadas, el concejal de Salud, Seguridad y Emergencias, iban de sencillos y el cargo no les cabe en la tarjeta de visita, ha puesto en práctica «la racionalidad en el espacio público», ellos que llenaban Sol apelotonados, maloliente el sudor, cacas y pises, qué bello es el cambio. La medida trata de impedir que haya 6 ó 7 personas por metro cuadrado. La normativa municipal no aborda, por otro lado, esnifar, raya, punto, com. Ni prohíbe el botellón y el Ayuntamiento matritense lega en los servicios policiales del Estado, principalmente, la seguridad de la ciudad, con el añadido de la detección del barbarismo islámico. Que ya vendrán los Sánchez, Riveras y Pablos, Pablitos y Pabletes para recriminar la acción policial y legal.

Me atengo a mi ventana abierta para ver lo que sucede por ahí fuera. Nada bueno, me cuentan las noticias, donde mi perro «Niebla» solloza en silencio, las tórtolas turcas no aterrizan en el alféizar porque no les he dado su ración de pan durante mi hospitalización, y los gorriones tiritan ante la máxima de al gorrión perdigón. Veo las viejas vides, imaginativamente el bravo mar, los rumorosos e incontables tejados, y el hombre de bien deja volar su imaginación tantos días forjada a machamartillo y piensa, quizás equivocadamente, que todavía sigue siendo preferible el papel de víctima al de verdugo.

Las horas de las uvas, pues, se descorchan y salen burbujas freixenet en mallas rítmicas. Entre tanta algarada, vítores y plausos queda un pequeño hueco por el que trataremos de contemplar la sencillez, un don tan preciado como la salud. ¡Feliz 2016!

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