Santiago López Castillo

La otra mejilla

La otra mejilla
Santiago López Castillo. PD

No sé qué hubiera pasado si a uno de la izquierda le dan un hostión. Seguramente, se hubiera montado la parda, con canela y rama. Se montó, claro -eran otros tiempos vejatorios y vengativos-, cuando asesinaron a los abogados laboralistas de Sol. Allí, en la protesta, estuvo mi compadre Pablo Castellano, lo más decente del socialismo y por eso el PSOE lo echó de sus filas. Pero tuvo que ser el sujeto paciente de este izquierdazo al mentón un tipo de derechas y encima presidente del Gobierno. La izquierda radical, en su habitual burla al ser ajeno, se mofó del agredido y recurrió a Jesús y al sermón de la montaña para que pusiese la otra mejilla.

En otro país no sucede y si ocurre el autor se atiene a las consecuencias. Mas en nuestro país la justicia es laxa y garantista. Vale todo: quemar la foto del jefe del Estado, la bandera nacional, acosar (escrache, horrible palabra) al político al que se le tiene tirria, boicotear una conferencia en el espacio público… y, después, la red social insultando y amenazando al rival político e incluso con la imagen de un tiro en la cabeza. Pero no pasa nada. Todo, en aras de la libertad de expresión. Eso, señorías. El mandoble que le dieron a Rajoy en Pontevedra fue un auténtico atentado, que preserva la identidad del cafre y como es menor de edad, pues ancha es Castilla. Pero no sólo son los emergentes los que contribuyen al odio, a ese ánimo pre guerracivilista, sanguinario, sino, también, los que van de socialdemócratas y echan espuma por la boca, ayer, hoy y siempre, obsesionados con la Moncloa, un líder -entrecomíllese la palabra- que insultó a un jefe de Gobierno cuando el puesto del agresor verbal sería empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés.

Dos presidentes del PP, pues, el otro fue Aznar, a bombazo limpio, fueron asaltados por las hordas tronquistas, anarquistas y revolucionarias, terroristas, sin más, qué puñetas, señorías, y si el fraile motilón, como yo llamo a Rajoy en su templanza, hubiera denunciado la agresión, habría sido criticado por soberbio e inmoderado y si echa pelillos a la mar, por no darse a valer, inane. Consecuencia: sólo la izquierda está legitimada para hacer y deshacer lo que quiera. La RAE define el verbo izquierdear diciendo que es apartarse de lo que dictan la razón y el juicio. Pero no se arredran. Los intelectuales de la ceja, los subvencionados de las bambalinas, la gauche divine, que deben ser unos fachas pre y pos franquistas que viven y se recrean en urbanizaciones de lujo mantienen sus acciones.

Mi amigo y vecino, el Comunista, que es un buen hombre pero que tiene un chalé en la sierra, un apartamento en Becerril de la ídem y un piso en Madrid, habiendo siendo un simple operario de Pegaso, vota a los coletas, sus hijos tienen autos y casas, crecen y se desarrollan pero no se mueren de asco y es hincha del Real Madrid en decadencia.

– Es que le tocó la lotería…
Premio.

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