Santiago López Castillo

Navidades Negras

Navidades Negras
Santiago López Castillo. PD

El recuerdo de tiempos pasados no nos puede empañar el mal trago, sin polvorones, de esta Navidad que se nos va de los dedos. La han protagonizado, desgraciadamente, los políticos, que no todos son malos, los hay pésimos, y hasta honrados. Han mirado sólo para sí mismos y los electores, a sus prójimos con un punto más que de envidia y odio. A este mare mágnum electoral pocos le auguran vida, ni corta ni breve, nada. El mapa político semeja el previo de la guerra civil, que desempolvo del baúl de los recuerdos de mi padre. Y esto no es bueno, oiga, con un protagonista adornado con plumas de gallito, otro con coleta asamblearia y un tercero con modos de bonachón al que el adversario le ha llamado miserable, y, por último, una cuchipanda de aldeanos que quiere la independencia, viva Cartagena.

Para usted que esta situación obedece a una falta de educación, me río yo del libro de urbanidad, ojalá, y de las máximas educativas del Metro para cerriles. No se respetan ni las más elementales reglas de educación, ya no digamos las protocolarias, se acude a los actos de tal o cual guisa, siempre en aras de la libertad y de la otra, la de expresión, con la que se han adornado las togas de los jueces para la progresía. En tiempos, mandé a un redactor de ABC-ByN, donde yo tenía un cargo de responsabilidad junto, en mi pluriempleo, con TVE, a un acto de la Casa Real de Marruecos. Me llamaron de Rabat para comunicarme que a tal informador se le había impedido el acceso a palacio por su indumentaria. Se presentó ante el rey en vaqueros, zamarra y botos camperos. «¡Es que yo soy comunista, Santiago!», se justificó el muchacho que después se haría empresario.

Bien. Pues ahora igual o peor. Se queman los retratos del jefe del Estado, también las banderas nacionales, se le dan de hostias a la policía, un zurdazo al mentón del presidente del Gobierno, se vanaglorian con el desacato al Constitucional, soc una naciò, y aquí no pasa res. La nomenclatura actual se basa en el relativismo más perverso, adornado por el desprecio general a las instituciones, a las que se ha sumado el gobierno filo-etarra de Navarra al impedir que los Reyes acudan a la entrega del histórico Premio Príncipe de Viana. Y no pasa nada.

Lo de háganselo mirar, obligaría a una terapia colectiva. Empezando por ese ser egocéntrico, orgulloso, vanidoso, ambicioso… que es Pedro Sánchez, sólo piensa en él. Y si con ZP se habló de que debería ser objeto de análisis de un psiquiatra, en el caso del actual secretario general del PSOE, zapaterista cum laude, ni te cuento. Esta Navidad, tiznada de carbón, espero que sirva para remontar la desgracia y arrumbar el nubarrón negro que nos persigue sin llover.

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