Santiago López Castillo

Catalanes voraces

Catalanes voraces
Santiago López Castillo. PD

Llevan, los independentistas, más de veinte años de acoso y derribo al Estado infringiendo toda norma jurídica y pasándose al Constitucional por el forro de los cojones. Mas es un peligro de la iluminación mesiánica sólo comparable al loco Companys, que fue detenido, muerto y sepultado ya en tiempos de Franco. Aquí, los patriotas, adjetivo que no se lleva, quisieron ver más en las acciones de Rajoy que el papeleo burocrático obliga y que siguen siendo papel mojado por la Generalidad, institución que emana -no se olvide- del Estado español. Ver, en suma, a este liberticida esposado y puesto a la sombra que siempre da frescor a las ideas. Era lo que deseaban los secesionistas al igual que los mártires sindicalistas y de izquierdas tras el pos franquismo.

Cataluña y las Vascongadas han sido las regiones rebeldes después del favoritismo franquista. Dígase la verdad, y no la historia retorcida como un calcetín sudado. Ningunos pueblos como aquellos gozaron de más proteccionismo y desarrollo industrial. Ninguno porque en Extremadura, por ejemplo, se comían los mocos secos como pergaminos. Los nacionalistas estuvieron en el cocinado de la Constitución y de forma muy notable. Miguel Roca en el Congreso y Arzallus, que, por cierto, hablaba un español muy cuidado, pululando por el Senado. Introdujeron sus enmiendas e hicieron exquisitos guisos soberanistas para después -en tanto en cuanto no salían las cuentas de la mayoría simple- sacar hasta los higadillos a centristas y socialistas. Hasta Gregorio Peces-Barba se cayó de un guindo y exclamó: «¡Estos tíos nos han engañado!»
Lo que empezó siendo una postura testimonial está resultando una traición sin límites. Primero, Ibarreche, ¿qué se hizo de él? Después, Mas -el menos-, el delírium trémens. Se empezó con el acoso a la lengua, la segunda del mundo, art. 3 de la Constitución (obligación de conocerla y usarla), para pasar al desacato en las más diversas facetas: justicia, enseñanza, política exterior (embajadas), funcionariado, moneda y para nota -todo llegará en esta locura colectiva-, ejército aunque los mosos tienen larga la cachiporra. Y los de la CUP (Comunidad de Usuarios Paletos) le van a dar el cetro a Arturo Mas, alias el mercachifle.

Viendo las orejas al lobo (descrédito comercial y financiero, cierre de empresas, etc.), algunos empresarios han alzado la voz -no en exceso estridente- sobre lo que se les viene encima. Nada bueno. Y, de nuevo, la Sociedad Civil Catalana, en cuyas meninges rige la sensatez, ha puesto el grito en el cielo. En fin, un mito impuesto trae forzosamente la inquisición. Con esta política secesionista pierden todos y el resto de los españoles también. Dejen los mitos y la intolerancia. Y que el Gobierno haga cumplir su papel inequívoco.
PD.- Con mi recuerdo para Josep Pla, Dalí, Ramón Llull, Marsé, Matute y Ruiz Zafón, entre otros expatriados.

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