Raúl del Pozo

A Pedro Sánchez le ha salvado en último momento el arcángel San Gabriel

A Pedro Sánchez le ha salvado en último momento el arcángel San Gabriel
Raúl del Pozo. PD

A Pedro Sánchez, que se había ofrecido para desenredar el atascamiento institucional, le ha salvado en último momento el arcángel San Gabriel -que suele bajar a la Tierra por Navidad-, avisándole de que si se hubiera dejado engatusar por Pablo Iglesias con el derecho a decidir, podría haber acabado en el último círculo del infierno donde Dante coloca a los bellacos.

Evitemos la palabra traidores y digamos que algunos políticos se parecen más a Antonio Pérez, al obispo Oppas o a Fernando VII que a ciudadanos que defienden la Constitución.

El secretario general del Partido Socialista ha prometido que no negociará con nadie sobre la integridad territorial, que no será presidente a cualquier precio y que, en el caso de que Mariano Rajoy no pueda formar Gobierno, su partido no levantará muros, ni cordones sanitarios. Por fin el PSOE ha caído en la cuenta de que un primer referéndum sería el comienzo de una disparatada tómbola de consultas y crisis.

Ayer fueron a Moncloa -que no es un palacio, sino un complejo- Pablo Iglesias -sin corbata, sin chaqueta- y Albert Rivera -maqueado de hombre de Estado-. Cada uno vendió palabras a gusto de sus votantes. Pablo insistió en que Cataluña tiene derecho a votar y habrá que buscar un encaje constitucional para evitar la desconexión de Cataluña, cuando su Parlamento ya ha proclamado la ruptura.

Con lucidez de metalúrgico de los tiempos de la clase obrera, José Luis Corcuera se hace una pregunta basada en la lógica. «Dicen los de Podemos que en el referéndum votarían en contra, ¿y si lo pierden, qué?». Si pierden o ganan el derecho a decidir sería una constante serie de consultas en el País Vasco, Navarra, Canarias, Galicia, y por último Cartagena. Sería más sensato y más barato disolver la Nación y que cada uno se fuera con su horda o tribu a una sociedad preestatal, predemocrática.

Las comunidades no son colonias, y como escribe Juan Claudio de Ramón: «Pueden alegar que ciertos territorios son naciones y cada nación tiene derecho a la autodeterminación, pero entonces nosotros también tenemos todo el derecho del mundo a desenmascararlos como nacionalistas corrientes y molientes».

Quieren irse y reagruparse basándose, no en los rasgos étnicos, porque somos una mezcla de mil leches, sino en función de la lengua, que es lo que debería unirnos como descendientes ciudadanos de griegos y romanos: la democracia y el derecho.

El aparente desgobierno de estos próximos meses es una broma si se la compara con verdaderos momentos atroces de la Historia de España: piojeras, auxilio social, sabañones.

Aunque decía Cela que en España gorjean los ruiseñores lo mismo en la paz que en la guerra, es mejor evitarla. Los del 15-M no pusieron la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol ni dijeron como Lerroux: «Alzad el velo de la novicias y elevadlas a la categoría de madres». Esto, al lado de aquello, es una comedia musical. Ya no hay miedo a vivir sin Gobierno, ni a que atraquen los bancos, sino a que los bancos nos atraquen con corralitos y rescates.

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