Santiago López Castillo

Pedro Sánchez o Frank de la Selva

Pedro Sánchez o Frank de la Selva
Santiago López Castillo. PD

Viendo a Frank en la selva, me apasionan los animales, me di cuenta del parecido que tiene Pedrito Sánchez con el aventurero televisivo. No en balde el político está metido en un acaecimiento que se las trae. Su grupo le está sacando los colmillos y están dispuestos a devorarlo. No por aquello de que me coma el tigre, sino porque se cree el rey de la sabana y en aquella basta extensión hasta la hiena te puede dar una dentellada que te avía. El reinado del mundo animal, aunque tiene mucho de hereditario, secular, es de lo más sorprendente. Todavía conservo el álbum de cromos infantil sobre los animales y hoy observo raras especies en la etiología humana.

– ¿Adónde nos quiere llevar…?
Pues que este egocéntrico ser que es, de momento, el secretario general del PSOE, supone creer que tiene todos los antídotos para la supervivencia. Las picaduras de un alacrán son más benignas en comparación con las de un partido. Me lo decía Luís de Grandes (Muñoz Grandes ha vuelto a morir, rematado en las vías públicas de la nación): no hay nada peor que las gentes de tu formación política. A Sánchez, el rey del Orinoco, por lo menos, quinientos militantes socialistas piden su dimisión porque su egocentrismo es insultante, calificativo que denuncié al alcanzar éste el doctorado cum laude del zapaterismo.

Frank, por su parte, la emprende con serpientes y arácnidos venenosos, mortales, so hijoputas, que me matan. Pero aunque hay mucha realidad y fantasía, las producciones de televisión, conviene decirlo, son así de exageradas. Pérez Reverte, en su etapa de corresponsal en el extranjero por TVE, montaba sus crónicas bélicas con sonidos grabados en cinta magnetofónica, y se tiraba al suelo y se retorcía ante los supuestos disparos enemigos. Bravo, después llegaría a académico dando a la institución un aire fresco del campo.

El protagonista televisivo, el otro también se pirria por un plano corto, se pasa la vida con cobras, víboras y demás culebras. El humano, un osado que no valiente, se esfuerza por sobrevivir puesto que su ego supera cualquier adversidad. Ha de llegar al Serengueti al precio que sea. El famoso parque africano alberga leones, guepardos, elefantes, jirafas y ñúes, muchos ñúes, una especie bobalicona que nunca mete el cuerno pero sí pone el cuello. A Sánchez, volviendo a la comparanza (ambos tienen el mismo rictus en la boca) le rodearán más tarde o temprano por más que se crea Frank en la selva.

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