La alternancia política no se debe a postulados políticos, sino a los efectos de los malos resultados económicos.

¿Quién dijo que España es bipartidista?

¿Quién dijo que España es bipartidista?
Política, políticos, partidos, elecciones. Maximino Soriano.

La España real se vive por conservadores, extremistas, moderados, progresistas, esnobistas, españolistas, reaccionarios, conformistas, transgresores, mudos, activistas, mansos, centralistas, separatistas, puritanos, anárquicos; aunque se pretenda, sí, que la España artificial sea políticamente bipartidista.

La otra España, subjetiva, personalista, visceral es la España dicotómica, popular y socialista, monárquica y republicana, católica y laica, de derechas y de izquierdas, azul y roja, tradicionalista y radical, andaluza y catalana, la del norte y la del sur, la dividida por el Tajo y por los tajos, la de los espabilados y la de los que no espabilan, autoritaria y tolerante, rural y urbana, atlántica y mediterránea y ¿con remedio y sin remedios?

Y la España histórica fue de guerrilleros, bandoleros, de intrépidos conquistadores autárquicos, de ingenio y de genios genuinos solitarios y espontáneos, validos, hidalgos, caciques, pícaros, sanchos, rufianes, vándalos, más bien individualista, de no dar cuentas y de hacer lo que le da la gana. A España es complejo intentar simplificarla.

A España se la quiso hacer bipartidista sin que fuera previamente democrática. En la España bipartidista de la partitodura las listas electorales no se confeccionan desde abajo sino se imponen desde lo alto, los puestos no se proponen desde las bases se ofrecen desde bien arriba, los cargos no son para los que saben sino para los que con ellos se van a ganar la vida.

Y en lo del bipartidismo como en todo en esta nuestra España nuestra tan políticamente ignorante coexiste mucho de malo y menos de bueno y corren con facilidad los bulos.

Sí, en esta España de listos, instantánea, en cuanto Amancio Ortega donó caritativamente unos cuantos millones de euros, se propagó que lo hacía para desgravar impuestos en vez de alabar su bien hacer y su filantropía; seguramente quienes lanzaron el bulo lo hicieron para evitar tener que donar ellos, y si no, ¿por qué no donar todos para pagar menos a Hacienda como el inventor de Zara?; ciertamente la caridad evita muchos gastos al Estado.

La España mesetaria y la de los extrarradios que se construyeron para aquellos que huyendo de la pobreza tantas veces consiguieron convertirse en miserables acoge con facilidad los bulos, como el que aireaba el entorno de aquel alcalde sinvergüenza que se enseñoreaba a cuenta del dinero público de que «será un ladrón, pero, al menos, hace obras»; evidentemente sin obras no se untaba y el ladrón de dinero público, sin ninguna opción, de obrar, que obre en la cárcel; o el bulo muy utilizado últimamente por la incapacidad política de echar la culpa de su mala gestión a Europa, como si no fueran ellos los que negociaran en Bruselas o los que cuando se trata de administrar ese dinero que llega de más allá de los Pirineos no insistiesen en hacer publicidad como si lo dieran ellos.

¿No les suena eso de que el PP o las derechas crean riqueza y el PSOE o las izquierdas se dedican a gastarla?; otro bulo, en esta nuestra España enferma, el PP deja al Estado sin ingresos y el PSOE incrementa los costes y los gastos y ambos, si se da cuentas, nos dejan sin dinero o sin plumero a largo plazo, además, el primero asegura los intereses de los que más tienen y el segundo garantiza los privilegios de los trabajadores con contratos más seguros; y lo de que ambos contribuyen con el bipartidismo a dar estabilidad democrática, ¡como si ahora nos hiciera falta!, o económica, es otro medio bulo o bulo a medias, sí, estabilidad al déficit comercial y al déficit público crónicos, el cáncer económico de España.

Ah si Zapatero hubiese dispuesto de los ingresos de las grandes empresas públicas que vendió Aznar como Repsol, Endesa o Telefónica o si Aznar no hubiese tenido la necesidad de privatizar los servicios públicos para desfuncionarizar la Administración; y tanto los unos como los otros sin hacer prácticamente nada contra la corrupción o, si acaso, con tales medidas fomentarla y aprovecharla.

La alternancia política no se debe a postulados políticos del bipartito y sus líderes, sino a los efectos de los malos resultados económicos.

¡Ah! y está la España bipartida de las bulas, de los conciertos forales navarros y vascos y las incesantes mejoras catalanas, la de la realidad diferenciadora, y, ¡ojo!, no se trata de quitarles esas bulas sino de por qué no dárselas iguales al resto de los territorios patrios.

¡Ay de la España bipartidista! donde las ganancias de unos pocos gobiernan las preocupaciones de la mayoría.

A esta España le viene bien que entren los aires de los partidos nuevos para limpiar el tufo de la corrupción, obligar a democratizarse a los partidos viejos, pero mejor vientos que vendavales asoladores; en esta vieja España nuestra hay instituciones válidas que no deben eliminarse sino más bien valorizarse; por si vale, las Diputaciones y el Senado deben revertirse a instituciones de representación exclusivamente territorial y no política y si no que se explique cómo se va a garantizar en una España tan divergente el principio de igualdad territorial.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído