Javier Redondo

La izquierda española en el diván

La izquierda española en el diván
Javier Redondo. PD

Afirma Javier Redondo este 4 de enero de 2016 en ‘El Mundo’ que el PSOE está desnortado; Podemos, encadenado a sus pactos prosoberanistas e IU se ‘resetea’:

Así las cosas, la izquierda no nacionalista arrastra cuatro problemas de identidad que le provocan disonancias y percuten sobre el sistema. Llamarse plural o asumir su heterogeneidad es hacer de la necesidad virtud. No acaba de encontrarse, pues las diferencias no son de matiz sino de raíz.

Los problemas son:

  • 1. Su relación con la idea de España, de nación y con la igualdad ante la ley. De lo cual se deriva un aspecto que afecta a la médula de su doctrina: su noción de solidaridad.
  • 2. Sectarismo. Parte de la izquierda tiene vocación excluyente, no pretende ser mayoritaria sino hegemónica y no competitiva. Acepta la alternancia como excepción y disfunción.
  • 3. Su falta de realismo o populismo. Se abraza a categorías que gozan de aceptación social en estado gaseoso pero no resisten un debate articulado. Introduce en la agenda demandas artificiales, convirtiéndose en agente de división más que de cohesión.
  • 4. Cree guardar las esencias de la equidad y la redistribución, sin embargo no ha resuelto la cuestión de la generación de riqueza, lo que la bloquea en cada cambio de ciclo económico.

«Llamarse plural o asumir su heterogeneidad es hacer de la necesidad virtud. No acaba de encontrarse, pues las diferencias no son de matiz sino de raíz»

Para el PSOE, pese a sus bases, un pacto de izquierdas es incoherente pues es sólo de expulsión. En los años 90 compartieron espacio dos izquierdas: socialdemócrata y posmaterial, ambas sistémicas. Chocaron por la corrupción. A finales de esa década, el voto socialdemócrata encontró acomodo en el PP.

Entonces surgió la izquierda sintética, posmoderna y gremial que creyó reinventarse junto a las ‘mareas’ -las hubo en 2002-, se nutrió de la agitación, se ahogó en Cataluña, derrochó dinero público para alimentar a sus monstruos y creó uno de ellos: la izquierda premoderna.

Sánchez cree que La Moncloa es su burladero. Se equivoca. Si realmente confía en sí mismo, su reto es integrar a las izquierdas pre y posmodernas como satélites de una izquierda moderna, liberal, europea, abierta y socialdemócrata. La apuesta lleva su tiempo, como toda elevada tarea.

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