Me temo que la gente de la calle está muy enfadada

Los Reyes Magos comunican que se han acabado las existencias de patriotismo

Los Reyes Magos comunican que se han acabado las existencias de patriotismo
Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera.

A los periodistas nos acusan muchas veces de escribir artículos-tipo en determinadas fechas: aniversarios de la Constitución, año nuevo y Reyes Magos, por ejemplo. Muchas veces algunos han, hemos, comenzado una columna encabezada por el típico «queridos reyes magos» para, a continuación, desgranar una serie de peticiones socio-político-económicas, en función de cuál sea la coyuntura del país.

Y este artículo, aunque escrito en esta fecha, quisiera alejarse del cliché y del tópico, porque, la verdad, uno ya no sabe qué pedir a los Magos de Oriente que luego resultó que a lo mejor eran andaluces (el Papa Ratzinger dixit) y ahora, por mor de algunos alcaldes modernos, resulta que puede que hubiesen sido magas llamadas Libertad, Igualdad y Fraternidad: una barbaridad, aunque uno anda ya lejos de escandalizarse por cuestiones de detalle cuando son tantos los desmanes de fondo que nos afligen.

Decía que no sé qué pedir a unos hipotéticos Reyes Magos (que ya se sabe que son lo que el que decide seguir creyendo en ellos quiera). O, mejor, no sabría por dónde empezar; de modo tan patético ha comenzado el año para todos aquellos a los que nos preocupa la marcha de la nación.

Y es que los comentaristas al uso -muchos de los otros simplemente han enloquecido_ andamos como atónitos ante el espectáculo de fuegos políticos artificiales que nos han montado quienes aspiran a representarnos, aquellos a los que votamos y pagamos para que interpreten correctamente y encaucen nuestros votos.

Por eso, interrogado por el presentador de una televisión acerca de qué quiero pedirles a SS.MM de Oriente o de donde sean, respondí esta mañana: «para mí y, para todos ‘ellos’, solo una cosa: cordura». Que es de lo que más necesitada anda la superestructura política de este país nuestro.

Bien pensado, podría haber pedido otras cosas: respeto para el ciudadano, que no les traigan ningún juguete a nuestros políticos, que ya juegan bastante con nuestros votos*Pero todo iría, en cualquier caso, en la misma dirección. Basta, qué remedio, con una sola petición: cordura.

Y es que uno se va volviendo más modesto según pasan los días y el espectáculo del despropósito se incrementa: hace apenas unas semanas, hubiese incluido en mi lista el patriotismo, la generosidad o la imaginación, todo para ellos, que para mí solamente querría los efectos beneficiosos de aplicar a la acción política todas esas virtudes.

Ahora, los Magos comunican que se han acabado las existencias de patriotismo –¿qué es eso? llegan a preguntar algunos–, no queda casi el oro de la generosidad en las alforjas de los camellos. Y de la imaginación ya se sabe que es como el incienso o la mirra: que se evapora y no deja rastro.

Así que ya hemos llegado hasta el punto de que nos llega con que apliquen un mínimo de cordura a la hora de interpretar para qué les hemos votado.

Estoy seguro de que nadie podría defender que los catalanes hayan elegido tener en un extremo de la plaza de Sant Jaume a una Ada Colau encabezando el Ayuntamiento de Barcelona y, en el otro, presidiendo la Generalitat, nada menos que a un señor como Raül Romeva, o al mismísimo Junqueras.

Dos nombres que, como usted conoce, son las propuestas que ahora hacen los de la CUP, que parecen los amos de Cataluña, para apoyar la investidura de alguien que no sea Artur Mas y evitar la repetición de unas elecciones que ellos saben bien que, ahora sí, acabarían reflejando lo que de verdad quieren los catalanes. Porque si lo que ha ocurrido en Cataluña desde hace un año tiene una sola gota de cordura, que venga Dios y lo vea.

Y lo peor es que el mismo diagnóstico de pre-reyes en Cataluña se puede hacer a escala nacional a raíz de cuanto viene ocurriendo a partir de la noche electoral loca del pasado día 20, que no fue precisamente esa gran noche que canta Raphael y que con tanto brío bailaba Rajoy este fin de año en un balneario gallego, según nos han cotilleado algunos videos pirata.

Aquella misma noche (la del 20), cuando conocimos el resultado de las elecciones, pudimos empezar a comprobar, como si hiciera falta, que la generosidad de la que antes hablaba ha sido reemplazada por las ambiciones personales, la imaginación por la cerrazón mental y el patriotismo por las proclamas incendiarias en las redes sociales.

En vez de encerrarse con las ejecutivas de sus partidos, en lugar de haber creado una casta política que solamente habla con los del clan, deberían hablar con la gente de la calle si se atreven. Porque me temo que la gente de la calle está muy enfadada: ¿para eso acudimos a votar más del setenta y cinco por ciento de los españoles que podíamos hacerlo?.

¿Votamos tan masivamente para que alguno, más listo que nadie, nos diga que el electorado se equivocó?.

¿No será más bien que los equivocados han sido, están siendo, quienes se han erigido en intérpretes de nuestro voto para llevarlo a donde a ellos más les conviene?.

Cordura, señores, porque, si seguimos así, si hay que repetir las elecciones dentro de unos meses manteniendo mientras a un Gobierno en funciones e incapaz, por tanto, de gobernar, ni siquiera los magos, o las magas, aunque sean más hábiles que Houdini, van a poder traer remedio a los efectos que causen tantos errores.

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