Pilar Rahola

Los últimos tres meses han sido un despropósito que costará explicar en los libros de historia

Los últimos tres meses han sido un despropósito que costará explicar en los libros de historia
Pilar Rahola. PD

Titula Pilar Rahola, que hace dos días atribuía el No de la CUP a Artur Mas a los manejos de los agentes secretosd el CNI, su columna en ‘La Vanguardia‘ como ‘Instrospección crítica’ y analiza lo ocurrido en Cataluña:

Shakespeare dijo que el pasado era un prólogo, y habrá que aferrarse a la idea, visto el ridículo de nuestro pasado reciente. Sin embargo, como los errores sólo conocen la virtud de la enmienda, y ya no tiene sentido rodar con la noria inacabable de la CUP, es hora de mirar atrás un momento para hacer autocrítica y volver a mirar adelante rápidamente. Somos un pueblo que venimos de lejos y nos han dado el pésame tantas veces como veces hemos vuelto a levan­tarnos.

Pero para avanzar es obligada la mirada crítica en el propio territorio, no en vano hemos acumulado una cantidad ingente de errores.

El primer error se deriva de los meses de mareo por el 9-N, con una imagen de desunión y desconfianza que casi lo echa todo a perder. Y como, ahí te duele, ahí te daré, el mismo espectáculo de pelea silente entre CDC y ERC se repitió a la hora de hacer la lista conjunta, lista que se consiguió tan in extremis que presentaba escapes de agua por todas partes. Porque podemos repetir que la CUP lo ha echado todo a perder (y es cierto en la fase final), pero debemos añadir que los primeros que se han cruzado cuchillos en la oscuridad (y no tanto) han sido los dos grandes del proceso. De aquí se deriva la desconfianza entre los líderes, el extraño engendro de poner a Mas cuarto de la lista, con el inevitable y pertinente desgaste, y el error cósmico de ir separados a las generales. ¿Qué esperábamos de los cuperos, si los primeros que no demostraban anchura de miras eran los propios?

Por casas, hay para todos. CDC cometió dos errores de bulto: no tirar el lastre de Pujol mucho antes de que reventara en su cara y no romper con una Unió que trabajaba desde dentro -y bajo los focos- para destruir el invento. Esquerra repitió su pecado original, la obsesión por matar al padre convergente, y en este proceso ayudó al descrédito de Mas. Comportamiento, por cierto, que sigue practicando. Y todos cometieron el mismo error: el buenismo paternalista con la CUP, como si no fueran lo que son, la FAI del siglo XXI.

Finalmente, cuando ya iban juntos -con muletas- los últimos tres meses han sido un despropósito que costará explicar en los libros de historia: propuesta parlamentaria de ruptura sin tener gobierno, negociación errática con la CUP, mercadeo con la institución de la presidencia, vacío de relato -inteligentemente ocupado por los cuperos-, ausencia total de la ANC -recuerdan cuando decían aquello de «President, posi les urnes!»- y carencia de autoridad para cuadrarse ante la CUP, dando una imagen de arrastre que era letal. El desconcierto en las clases medias que habían votado a Junts pel Sí ha sido notorio estos últimos meses.

Dejemos a la CUP atrás -puente de plata a los antisistema que más han trabajado para consolidar el sistema español-, y enmendemos los propios errores. El futuro es nuestro, pero hace falta ganarlo.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído