Julia Navarro

El verbo dimitir en la política española

El verbo dimitir en la política española
Julia Navarro. PD

Para la inmensa mayoría de los políticos españoles, el verbo dimitir no existe. Le tienen tanta aversión que lo han eliminado de su vocabulario. Lo que es normal en otros países, es decir, dimitir si uno pierde unas elecciones o si le salpica un escándalo, aquí es imposible que suceda.

Ahí está Artur Mas tan campante, no solo perdió las elecciones sino que ha sometido a Cataluña a la vergüenza de ponerla a los pies de la CUP esperando que esta formación antisistema le invista de nuevo como presidente.

Y ahí está Mariano Rajoy intentando formar una gran coalición con el PSOE y Ciudadanos para él poder seguir gobernando. Claro que Pedro Sánchez intenta otro tanto de lo mismo, ser él quién se haga cargo de la gobernación del país pese a su escuálido resultado en las urnas.

En mi opinión, el pasado 20 de diciembre debieron dimitir unos cuantos dirigentes políticos, el primero Mariano Rajoy, seguido por Pedro Sánchez, pasando por Alberto Garzón y continuando por otros líderes «locales» como la secretaria de los socialistas madrileños Sara Hernández. Justo es decir que los fracasos del PSOE en Madrid en municipales, autonómicas y ahora en las generales tienen su principal responsable en Pedro Sánchez.

Salvo Alberto Garzón, que por lo evidente de la derrota de IU no tuvo más opción que encarar el varapalo en las urnas, tanto Rajoy como Sánchez sacaron pecho y se consideran triunfadores de la noche.

El caso es que las elecciones no las ha ganado nadie y sí la han perdido y de manera estrepitosa tanto el PP como el PSOE como principal partido de la oposición en expectativa de gobernar.

En mi opinión, en la noche del 20D Mariano Rajoy debería haber puesto su cargo de presidente del PP a disposición de su partido. Seguramente sus correligionarios no le habrían aceptado la dimisión porque en estos momentos aún no hay fisuras evidentes en la familia popular, pero al menos los ciudadanos habrían valorado el gesto.

Pero no, no sucedió eso, sino que Mariano Rajoy se proclamó vencedor como si la raquítica victoria del PP le sirviera para seguir adelante.

Pedro Sánchez, por su parte, le echó desparpajo y aseguró que los resultados de su partido habían sido «históricos». Y sí, claro que la derrota del PSOE es histórica de manera que podría haber tomado ejemplo de su compañero de filas Joaquín Almunia que cuando se presentó como candidato a unas elecciones y perdió no buscó excusas ni otros culpables que el mismo y dimitió.

Pero tanto Rajoy como Sánchez parecen desesperados por gobernar y están haciendo lo imposible por ver quién se queda con el santo y seña del Palacio de la Moncloa. Sin embargo a estas alturas cada vez parece más difícil que ninguno de los dos lo logre salvo que busquen una fórmula para coaligar su fracaso.

El PP necesita a Ciudadanos y al PSOE para que Mariano Rajoy salve la sesión de investidura, eso sí, a continuación le sería imposible gobernar con un Parlamento mayoritariamente en contra. El PSOE necesita a Podemos, lo que significaría entregar definitivamente la primacía de la izquierda al partido de Iglesias, Errejón y compañía, amen de traspasar unas líneas rojas que sus votantes no perdonarían.

Llegados a este punto lo más sensato sería repetir las elecciones, por más que el PSOE tema un nuevo fracaso en las urnas, y en Ciudadanos tiemblen pensando que a lo mejor muchos de sus votantes deciden regresar al PP o al PSOE.

Y si, no estaría de más que los responsables del fiasco en el PP y en el PSOE y en Izquierda Unida intentaran conjugar el verbo dimitir y dar ejemplo de que están en políticas por servir a los ciudadanos y no por ambición personal. Ninguno de los tres líderes son imprescindibles y a lo mejor son parte del problema.

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