Antonio Casado

Todo por Artur Mas

A la hora de escribir este comentario se vislumbra el fracaso del ultimísimo intento negociador del frente separatista para evitar la repetición de elecciones en Cataluña. A riesgo de que uno tenga que arrepentirse de elevar a definitiva esa conclusión, cumple dar paso a este desenlace exclamativo: ¡Qué barata era la causa del independentismo y qué ligero el sueño! Es la moraleja del cuento. La supervivencia política de un líder se impone al bien de una causa superior. Sus defensores la valoraban en muy poco. El todo por la patria de Junqueras, Baños, Forcadell, se redujo al todo por Mas, con incómodo fondo de unas nuevas elecciones, la división de la CUP, el hastío de los catalanes y el ridículo universal del Catalunya is not Spain.

La cruda realidad es que durante estos últimos días nadie ha podido persuadir a Artur Mas de que debía sacrificarse por el bien de todos los que sueñan con la unidad de destino en lo universal llamada Cataluña. Justo ahora que estaban a punto de cubrir el último tramo hacia la republica independiente diseñada por el Parlament como mandato a un Govern que ni siquiera llegó a constituirse.

Un sueño al alcance de la mano que, de momento, se desvanece. Y no por culpa de la CUP, que siempre se pronunció incompatible con la figura de Mas, el hombre de los recortes y de la corrupción, sino por culpa de Mas, que siempre dijo que no sería un obstáculo en el avance del procés y al final no ha querido dar el paso atrás, al grito de «O soy president de nuevo o repetimos las elecciones». Hacia ellas vamos, cuando el aun president en funciones se resiste a emprender el camino de la jubilación.

Al contrario, parece que ya prepara un nuevo salto en el vacío por quinta vez, con todas las papeletas para volver a estrellarse. La primera fue en el portazo de Moncloa al pacto fiscal. La segunda, su estrepitoso fracaso electoral de 2012. La tercera, una inservible puesta en escena del 9-N (solo tres de cada diez electores le dieron el doble sí independentista). La cuarta ha sido romper el bloque soberanista tras las elecciones del 27 de septiembre por no hacerse a un lado, como le pedían sus compañeros de viaje, a cambio de que la CUP no frenase el proyecto.

Ahí estamos, tal vez en vísperas de que el acróbata Mas vuelva a estrellarse, después de anunciar que piensa volver a ser candidato en las elecciones que van a quedar convocadas automáticamente este domingo 10 de enero.

Adiós al proyecto separatista según el modelo descrito en la resolución del Parlament. Pero podemos seguir preguntando por quién doblan las campanas, si por el proyecto o por Mas. Por las dos cosas, aunque a Mas no lo mató Rajoy sino la alegre muchachada anticapitalista. Y por el proyecto, también, como mandato a un Govern non nato. Vamos hacia el cuarto proceso electoral en cinco años. Con nuevos actores, nuevos guiones y un público hastiado, con tendencia al desistimiento, tras haber vivido la etapa más absurda de la política catalana.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído