Jaime González

«Madrid es una cobaya víctima de los ensayos de Carmena»

"Madrid es una cobaya víctima de los ensayos de Carmena"
Jaime González. PD

Jaime González tiene que ponerse las pinzas en la nariz, nunca mejor dicho, para relatar en su columna como Madrid se ha convertido en el vertedero de Valdemingómez, pero a gran escala:

Madrid, una ciudad con 3.100.000 habitantes, no está para experimentos ideológicos. Convertir la capital de España en un descomunal tubo de ensayo donde probar fórmulas de pensamiento hiperdogmático es un ejercicio peligroso, porque las urbes más desarrolladas del mundo son aquellas en las que la gestión no está contaminada por el ideario partidista.

La izquierda radical, con el apoyo del PSOE en algunos casos, se hizo con el poder municipal en varias de las mayores capitales de España. Su objetivo era impulsar un pretencioso «proceso de transformación social», expresión tras la que se ocultaba el intento de convertir Madrid, Barcelona, Valencia, La Coruña o Cádiz -entre otras capitales- en el campo de pruebas de un proyecto de «cambio progresista» de dimensión nacional. Era -en definitiva- la primera etapa de un vasto programa político de remoción de las estructuras del sistema en el que las ciudades conquistadas actuarían como palancas para hacerse con el control posterior del Estado. La izquierda radical no ha logrado completar sus objetivos y se ha quedado a mitad de camino, a la espera de una segunda oportunidad.

Indica que:

Madrid es hoy rehén de los experimentos ideológicos de su Ayuntamiento, una capital cobaya víctima de los ensayos de laboratorio del equipo de Manuela Carmena. La basura que se acumula en las calles de Madrid es el resultado de la incapacidad de los responsables municipales de gestionar toda esa realidad que no está para políticas disgregadoras y demanda soluciones inmediatas. La mayoría de los madrileños no entienden que sus gobernantes se enreden en aventuras estériles con el nombre de las calles o la Cabalgata de Reyes. No quieren experimentos, sino que funcionen los servicios básicos: la basura, el alumbrado, el transporte…, los tres o cuatro elementos que hacen que una ciudad funcione cada día.

Y sentencia:

La suciedad de Madrid es un problema estructural que no se arregla con insoportables disquisiciones hermenéuticas. Lo que se necesita es jabón, palas, escobones y cepillos; un arsenal de limpieza en lugar de arsenales de palabras, que es lo único que parece gastar este Ayuntamiento propenso al circunloquio. Estamos ante un asunto que amenaza con convertirse en un problema de salud pública, que es algo más grave que un desolador paisaje urbano, por mucho que la estampa actual rezume desidia y abandono. Madrid es uno de esos ayuntamientos de «progreso» que nos regalaron los pactos surgidos de las urnas. Observe el lector cómo el progreso ha prendido en las aceras, cómo su rostro inunda las papeleras, los contenedores, las calles, las esquinas…

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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