Santiago López Castillo

Justicia o Venganza

Justicia o Venganza
Santiago López Castillo. PD

No soy jurista ni cristo que lo fundó ni quiero serlo. Sin embargo, es admirable ver y escuchar y escribir a los colegas como grandes expertos en jurisprudencia; claro que, según los hechos, también son sesudos registradores de catástrofes aéreas, castradores de eunucos y mamporreros de caballos árabes. Vaya pues, desde estas líneas, mi absoluto desconocimiento de la docta ley y que mis palabras sean únicamente aplicables para lo que han sido escritas: que se las lleva el viento o destinadas directamente a la papelera.

Bajo esta premisa, comparezco, pues, ante el lector con el sano propósito de ser leído como un mortal más o arrojado a las tinieblas que dicen ser las lágrimas del purgatorio. Va por lo de la Infanta. Que ya ha sido juzgada, muerta y sepultada sin que lo dictaminen los jueces. ¿Y…? Pues que somos muy modernos y muy progres además de videntes. La infanta Cristina, hija de Rey y hermana de Felipe VI, se ha hecho (le han hecho) la foto en el banquillo, ora pro nobis y lo que le queda por retratarse, quizás si es posible en bragas. Pienso, si se me permite, que -caiga quien caiga- la heredera por vía dinástica, ha suscitado las iras de los antimonárquicos, por si fueran pocas las banderas republicanas, agitadas en primer lugar por el PSOE para derrocar la Monarquía, que no es una institución menor y sí secular pese a los gatillazos de los borbones, que esa es otra cosa. A estas circunstancias hay que agregar, según mis noticias -nunca desmentidas-, del sentimiento antimonárquico del juez Castro.

Hay quien opina que la infanta, nada más conocerse el choriceo de su marido, debería haber abdicado de sus derechos dinásticos, que no sé si se puede, o haber pagado a la Hacienda la parte alícuota de lo defraudado en connivencia amorosa con el jugador de balonmano, que entró, entró y al bolsillo. Porque, amen de lo que diriman sus señorías, Cristina ha pasado de ser infanta a villana. Si la juzgan porque la juzgan, si la absuelven porque la absuelven, si le aplican la doctrina Botín porque es de la clase pudiente, si… No es fácil separar los intereses económicos de los afectivos porque tampoco lo consiguió Ana Mato aun siendo de otra categoría social. Pero la vida pública debe ser como un cristal en el que se miran el balanceo de las hojas y el viento cristalino. De ahí que el mayor perjudicado de este asunto haya sido Don Juan Carlos que hubo de abdicar por la irresponsabilidad y la ambición del yerno.

No es bueno, en fin, que un miembro o miembra de la doctrina Aido esté en entredicho encausado/a por un procedimiento judicial. Es la Corona, so imbécil, amigo Iñaki. En el Guzmán de Alfarache se lee que la sangre se hereda y el vicio se apega. Y que quien fuere cual debe. Premiado en un caso y en el contrario se lo demanden.

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