Fernando Jáuregui

Pero ¿hacia dónde va esto?

Pero ¿hacia dónde va esto?
Fernando Jáuregui. PD

Escribo desde Barcelona, a donde he viajado no sé si tanto por otros motivos profesionales cuanto para comprobar -como decía mi amigo José Virgilio Colchero- la ‘temperatura ambiente’.

He coincidido con un ex diputado de Esquerra, hoy colega de profesión, y nos hemos intercambiado incertidumbres: él, aunque lo dice desde el polo opuesto al mío, claro está, también parece estar ‘casi’ seguro de que no habrá independencia para Cataluña o de que el proceso no va a ser así, tan sencillo como lo pintan el president Puigdemont y sus aliados.

He hablado con otras muchas personas, entre ellas varios amigos con ocho -o más- apellidos catalanes, y que, menos uno, todos son anti independentistas, que me han trasladado idéntica pregunta que el ahora colega y antes diputado nacional por ERC: «Pero ¿hacia dónde va esto?».

Mala cosa cuando, desde dos bandos en litigio, nadie parece tener certezas, más allá de quienes, porque quieren dirigir los procesos, forzosamente están obligados a mostrar que sí las tienen, aunque la procesión les vaya por dentro..

El panorama no es muy diferente del que encontré este miércoles en la sesión inaugural del Congreso de los Diputados, abriendo -es un decir- la XI Legislatura. Traté de charlar con cuantos diputados ‘de a pie’ de todos los grupos me iba topando; me interesaba, en el fondo, mucho más lo que ellos pudiesen opinar que las frases que, aparentemente muy seguros de sí mismos, nos regalan como migajas los líderes de las principales formaciones en escena.

Y aquí debo hacer especial mención al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, un político que no se permite dudas acerca de la idoneidad del camino que ha emprendido y al que saludé algún día como casi irremediable futuro presidente del Gobierno; ahora, precisamente por su afán de llegar a La Moncloa, le veo cada día más lejos de ella.

Sucede que, al margen de los miembros de la Ejecutiva socialista, el típico diputado-de-a-pie está crecientemente menos y menos convencido, me parece, de que la estrategia de no pactar de ninguna forma con nada semejante ‘a la derecha’ vaya a llevar a buen puerto.

Sí, la pregunta era la misma que se hacían y me hacían mis interlocutores catalanes: «¿hacia dónde va esto?». Nadie sabía ni cuánto tiempo le quedaba por ocupar su escaño recién estrenado, ni si, al final, estaría pactando con la derecha, con la izquierda o con ninguno y, entonces, de cabeza a unas elecciones que castigarán no poco al PSOE y quizá también al PP: vendrá el ‘sorpasso’ de los emergentes.

Son los únicos que se pueden permitir aguardar tranquilamente… si lo contemplamos desde el punto de vista de los meros intereses partidistas, claro; porque, por lo demás, el transcurso del tiempo va siendo letal para los intereses de la nación en general, incluyendo, por supuesto, a Cataluña.

Pues eso: ¿hacia dónde vamos?. Hay mucha gente expectante. Aquí, en Barcelona, parece existir la convicción general de que, mientras no se solucione positivamente la formación de un Gobierno central, ni habrá diálogo con la Generalitat ni respeto a la legalidad y a las instituciones.

Y ‘en Madrid’, ya lo vimos este miércoles: mejor la anécdota frívola y las operaciones de imagen en la jornada de inauguración parlamentaria que seguir con la angustia de la incertidumbre. Nunca tan pocos tuvieron tanta y tan directa responsabilidad en la conducción de un país hacia soluciones duraderas o hacia el despeñadero.

Y mientras, la vida sigue: en la capital catalana se presentaba una nueva forma de banca a través del teléfono móvil y una editorial anunciaba unos premios; en el resto de España también están abiertas las panaderías y la gente corriente, los hombres y mujeres de a pie, continúan con su vida ‘normal’, tratando de permanecer ajenos a lo que hacen -o no hacen- sus representantes.

Pero, eso sí, preguntándose también, no podía ser de otro modo, ‘hacia dónde diablos va esto’. Jamás tanta ilusión puesta en unas elecciones como las del pasado día 20, con una participación tan masiva, habrán producido tanto desencanto.

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