José Rosiñol Lorenzo

“Miedo” a la democracia

“Miedo” a la democracia
José Rosiñol Lorenzo. PD

Perversión, esperpento, ridículo, engaño… son algunos de los adjetivos que se han utilizado ante el lamentable espectáculo vivido en la política catalana en los últimos meses, la investidura solo ha sido el colofón, se ha desacreditado de tal manera a las instituciones catalanas que las han vaciado de la más mínima legitimidad, la obsesión por el proyecto separatista ha arrastrado a los políticos secesionistas al fango de la iniquidad, sin embargo, ello nos ha dado la oportunidad de contemplar sin condicionantes la verdadera naturaleza del nacionalismo catalán.

Los pueblos ágrafos y algunas culturas de raíz paradigmática recurrían a elementos míticos, a pasados áureos, para mantener y justificar su estatus quo, recurrían a un Eterno Retorno que solo escondía un Terror a la Historia, el nacionalismo catalán parte de planteamientos muy parecidos a esta cosmovisión, sin embargo, su terror no es a la Historia (saben bien cómo manipularla) su Terror es a la Democracia, y esto les empuja a pervertir el lenguaje, a trufar de contenidos espurios afirmaciones vagas como su obcecación mántrica por el «mandato democrático», camuflan tras la repetición hasta la náusea, una realidad que, en verdad, les asusta.
Porque la Gran Mentira pasa por no reconocer la realidad, por una inversión de ella, por querer hacer creer que menos de un cincuenta por ciento de los votos, en verdad, es una mayoría incontestable con la que alcanzar su fatalidad histórica, su Arcadia (in)feliz, realmente, la democracia es para ellos un simple instrumento, las mayorías solo son mayorías si votan a favor del pensamiento único, el supremacismo antropológico les hace concebir un pueblo homogéneamente ideologizado, el resto no es pueblo, es una aberración sobre la que hay que proyectar y construir «cordones sanitarios», políticos, mediáticos y socioeconómicos.

Los medios de comunicación catalanes (públicos y subvencionados) parecen extasiados por la buena nueva de tener al 130º President de la Generalitat (el pasado áureo e irreal del que hablaba más arriba), pero ¿por qué hacer hincapié en que es el 130º President de la Generalitat?, básicamente para situar la legitimidad de la institución mucho más allá de nuestro ordenamiento jurídico y, lo que es más importante, para basar la legitimidad en lo tradicional (lo paradigmático) y no en la Democracia, para así poder justificar el secuestro y la apropiación de unas instituciones que deberían ser y servir a todos los catalanes, y convertirlas en el ariete de aquél sueño de «construcción nacional» puesto en marcha por Jordi Pujol en los años ochenta.
José Rosiñol Lorenzo

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