Luis del Val

«Quien se cree revolucionario por saltarse las normas de cortesía es un gilipollas»

"Quien se cree revolucionario por saltarse las normas de cortesía es un gilipollas"
Luis del Val. PD

Luis del Val se marca una tribuna espléndida en la que deja retratados como tontos contemporáneos a aquellos que se saltan las elementales normas de cortesía. Dicho de otro modo, los mamarrachos que el 13 de enero de 2016 montaron el circo en el Congreso de los Diputados:

Hay casi doscientos estados reconocidos en el mundo, y en la mitad de ellos las sociedades viven bajo regímenes autoritarios. En el resto, las cosas tampoco van perfectas, y se considera que democracias plenas y auténticas, sin disfraces, sólo existen en 28 países. Dentro de esos países -auténticos privilegiados entre los 194 estados- se encuentra España, que ocupa el lugar dieciséis, por delante de Estados Unidos, que se halla en el diecisiete. Algo para sentirse satisfecho, porque hace 39 años vivíamos bajo una dictadura. Por eso, el Congreso de los Diputados merece respeto, porque es la materialización de la democracia, el mecanismo por el cual se lleva a cabo lo que Lincoln denominaba «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», es decir, la cristalización funcional de nuestra categoría democrática.

Subraya:

Y por eso, las chuscadas, las burlas y las chacotas, esas anécdotas que pretendieron convertir la elección de su presidente en la elección de un delegado de facultad, con acompañamiento de la tuna, me parecen denigrar los símbolos y, sobre todo, burlarse de quienes hemos delegado nuestra soberanía y pagamos su sueldo con nuestros impuestos. Se ríen de nosotros proponiendo como presidente al bebé que se trajo una señora que dispone de servicio doméstico y pertenece a una familia millonaria, o cuando eluden el compromiso de la promesa de acatamiento a las leyes, como si se tratara de una reunión de taberna, o cuando acuden ataviados como si fueran a limpiar el cuarto trastero de su casa. En lugar menos solemne, como es la Academia de Cine de Hollywood, en sus ceremonias no entra quien no va vestido de etiqueta. Aquí no se exige tanto, pero no sabía que se creían que, en lugar de tomar posesión de su cargo, iban a ponerse a limpiar el coche o a darse una vuelta por el gimnasio.

Y recalca que:

Confundir la anécdota con la categoría es algo inherente a los tontos contemporáneos, que también confunden el toreo de salón con el toreo, o sea, la revolución con la gamberrada. Quien se pone delante del toro es un torero y quien se cree que lleva a cabo una revolución porque se salta las normas de cortesía y compromiso es un gilipollas. Y guardar las formas no es retrógrado, sino que forma parte de una civilización que ha sabido constreñir sus instintos, domeñarlos, y no defeca en la calle, ni se aparea en los bancos de los parques ni alivia los gases de su intestino en lugares cerrados. Claro que algunos creen que eso es menoscabo de la libertad individual, porque la estupidez es una enfermedad que nunca se erradica y siempre ha impedido distinguir la anécdota de la categoría.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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