Antonio Burgos

«Diputados de izquierdas, objetores de ducha y champú, vestían prendas cochambrosas»

"Diputados de izquierdas, objetores de ducha y champú, vestían prendas cochambrosas"
Antonio Burgos. PD

Antonio Burgos se parte literalmente de risa con las pintas que llevaban determinados políticos el pasado 13 de enero de 2016 en el pleno de apertura de la XI legislatura en el Congreso de los Diputados:

Si por cuanto voy a decir para abrirme de capa en este artículo me tachan de militarista, será para mí un honor. ¿Passsa algo? Pienso que la supresión del servicio militar obligatorio que hizo Aznar (sin sacarle beneficio político alguno, por cierto) es una de las causas de la actual pérdida de valores y principios en nuestra sociedad, de la que fue buena prueba el triste y lamentable espectáculo de la circense sesión de constitución del Congreso de los Diputados. En el cuartel, las nuevas generaciones aprendían virtudes civiles que se han perdido, e incluso se tiene a gala haberlas mandado a hacer gárgaras: la obediencia, la disciplina, el orden, la puntualidad, el sentido del deber, el honor. Y por descontado, el amor a la Patria y el respeto a su bandera, aunque sólo fuese para beneficiarse del permiso tras su jura. En el cuartel se aprendía a estar «en perfecto estado de revista y policía»; y si no llevabas abrochado el último corchete de la guerrera te caía un paquete; como ibas del tirón al barbero de la unidad para un buen rapado si llevabas el pelo más largo de lo debido o el cuello con más bucles que un señorito de Jerez, de los de esa corbata en curva que llega media hora antes que ellos.

Se pregunta:

¿Corbata? ¿He dicho corbata? La corbata es facha, como saben. «Los rojos no usaban sombrero», decía el anuncio de un establecimiento de la calle de la Montera tras la guerra; «los progres no usan corbata» es la consigna de hoy. El machadiano «torpe aliño indumentario» es su uniforme. Las derechas llevan corbata, y las izquierdas, cuanto más radicales, prendas más cochambrosas, pues estamos peligrosamente a cinco minutos del chándal bolivariano de Venezuela o de Cuba y cuanto significa. ¡Ah, y todos objetores de ducha y champú, como lo eran de conciencia cuando había mili!

Y asegura:

Espectáculo del abuso de menores con pretexto de lactancia aparte (¿es que no hay bajas maternales, como la de Susana Díaz?), después de todo demasiado bien vestidos iban el de la rasta y la compaña para tomar posesión como «tribunos de la plebe»: nunca vino tan al pelo el término romano. Hubo suerte, porque de momento no ha entrado en el Congreso el chándal de Castro o de Maduro. De momento. No suelten palomas ni tiren cohetes todavía. Lo que me extraña es que en esta nación donde se pide el libro de reclamaciones ante cualquier agravio comparativo nadie haya salido en defensa de los ujieres del Congreso, como me lanzo ahora, cual espontáneo en los toros. ¿Por qué sus señorías pueden ir vestidos de telas mares en un Congreso donde el atuendo más adecuado y respetuoso lo llevan no los que se autoproclaman exclusivos representantes del pueblo, sino los empleados de la casa, esto es, los taquígrafos, los ujieres, los ordenanzas? ¿Por qué el ujier del Congreso no va a poder llevar rastas y ha de ir el hombre de uniforme, con chaqueta, corbata y galones dorados? Y la señora que cambia el vaso de agua a los oradores, tan uniformada, ¿por qué no ha de poder hacerlo llevando a su niño de pecho al cuadril, como las gitanas a sus churumbeles? Se les llena la boca diciendo que son más de izquierdas que la leche que mamó el niño de la Bescansa, pero ahí los tienen, exigiendo el uniforme al personal del Congreso, como señoritos a sus criados para servir la mesa en el cortijo. ¿Por qué los ujieres y bedeles del Congreso han de ir de corbata y uniforme y los diputados como les salga de sus co… letas?

Se verá la copla cuando en la solemne sesión de apertura de la legislatura, inaugurada por Su Majestad el Rey, y estén allí los dos ujieres vestidos de maceros, como sotas de bastos de baraja de Heraclio Fournier, y al lado un tío con sus rastas y su camiseta, su chamarreta, su parca de Decathlon o como le salga de las narices. Claro que pueden decir que ellos van también de uniforme: de uniforme de la Castuza que patrocinan los países dictatoriales donde la máxima etiqueta civil no es el frac, sino el chándal boliviariano.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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