Laureano Benítez Grande-Caballero

Podemos: Piratas del Caribe

Podemos pretende atribuirse el mérito de unas medidas de «emergencia social» para «rescatar a la gente», pero la mayoría de ellas ya han sido puestas en vigor por el Gobierno

Podemos: Piratas del Caribe
Laureano Benítez Grande-Caballero. PD

De sus famosas aventuras por esos Caribes de Dios, los podemitas han vuelto a nuestra Patria con sus revoluciones bananeras «puñoenalto» -aunque incubadas a la sombra de edénicos palmerales-, y con los bolsillos de sus guayaberas reventando de bolívares. Pero, además de la técnica de la rapiña, también han aprendido allí el distinguido arte de la patente de corso -no confundir con la «patente de cursi», inventada por «El Coletas»-, y el segundo oficio más viejo del mundo: el pirateo.

Viene esto a cuento de que los podemitas se han presentado en el Congreso como inventores de una «Ley 25 de Emergencia Social» donde exponen medidas con las que pretenden «rescatar a la gente», sin caer en la cuenta -ellos, tan sabios, tan expertos en ciencias políticas; tan inflados de títulos, doctorados, másters y asesorías- de que en su gran mayoría ya están patentadas, y con copyright del gobierno derechón que tanto desprecian.

¿Será pura ignorancia, o es que estamos ante unos consumados piratas que quieren adjudicarse el mérito de proponer medidas que ya están implementadas, algo parecido a cuando dijeron que iban a renunciar al plan de pensiones de los diputados, cuando éste se ha congelado desde hace 3 años?
O sea, que esta jauría morada viene al Congreso tocando sus sirenas en plan SAMUR o Cuerpo de Bomberos, con sus diputados expertos en el boca a boca y la respiración asistida, dispuestos a dar manguerazos a las bancadas azulonas. Dios nos coja confesados.

Con todo, el mayor invento de estos piratas caribeños ha sido -además del TBO- la palabra «gente», término superdemagógico que los populistas tienen continuamente en la boca, como si fuera un chicle. Vienen a decir que ellos son la gente y trabajan para la gente: «Mientras unos están discutiendo qué sillón les toca, nosotros estamos pensando en gobernar para la gente»; «Entramos al Parlamento, lo hacemos priorizando a la gente».

Fue vomitivo ver las fórmulas grotescas con las que los diputados podemitas tomaron posesión de su escaño. El estribillo más empleado venía a decir algo así como «nunca más un país sin su gente y sin sus pueblos». Hombre, si no hay gente ni pueblos es que no hay país, digo yo.
Frente al «juego de las sillas» que atribuía Iglesias a los diputados de otras formaciones -curioso modo de ver las cosas, cuando los podemitas están dando la vara para conseguir cuatro grupos parlamentarios, con el fin de tener más subvenciones y más tiempo de intervención-, ellos proponen el «juego del rescate», que yo solía jugar en los recreos de mi infancia escolar. A lo mejor, también lo inventaron ellos, vete a saber. Igual el Coletudo Mayor sube a la tribuna a la usanza de «El Llanero Solitario» o «El Guerrero del Antifaz», para rescatarnos a todos, aunque no se lo hayamos pedido.

Esta «Ley 25» es una parte del «Plan de Rescate Ciudadano» que se recoge en el programa de Podemos, «un programa construido por la gente y para la gente». No iba acompañada de una memoria económica, por supuesto, pues es realmente enfermizo lo de esta chusma, que propone gastos y gastos sin decir nunca de dónde van a sacar el dinero: a lo mejor de algún galeón hundido. Dicen que «no cuesta ni un euro: si se quiere, se puede». Lo nunca visto: han inventado gastar dinero sin dinero, ya que todo se pagaría con los billetitos del «monopoly» -que para eso lo inventaron ellos también-. Y lo cierto es que en parte tienen razón: la Ley de Emergencia Social costaría poco porque sus medidas ya están en vigor en su mayor parte. Pero, desde luego, no son gratuitas, ya que costearlas está suponiendo un gasto considerable al erario público.

En concreto, las medidas de emergencia de la «Ley 25» supondrían un costo de 21.500 millones de euros. Pecata minuta, cuando ya la UE nos está exigiendo un recorte extra para el año que viene de 10.000 millones, y con una deuda -prescindiendo de maquillajes- del 150% del PIB.
Los cuatro puntos básicos de esta «ley emergente» son: prohibir los desalojos forzosos sin alternativa habitacional; introducir un «procedimiento simplificado de reestructuración y cancelación de la deuda hipotecaria de los hogares»; «garantizar por ley que no se cortará la electricidad ni el gas en casos de pobreza sobrevenida»; «prohibir los copagos farmacéuticos en todo el territorio estatal».

En cuanto a la prohibición de los desalojos, se ha prorrogado desde mayo pasado hasta 2017 el periodo de suspensión de lanzamientos sobre viviendas habituales de los colectivos especialmente vulnerables, aunque no se aplique universalmente ni a los impagos de alquiler, como pretende Podemos. Esta prórroga está incluida en el decreto- ley de «Segunda Oportunidad» que se promulgó el pasado julio, y cuyo contenido es idéntico al plan de reestructuración de deudas que expone Podemos en su «ley 25». O sea, que el pescado ya está todo vendido.
En esta Ley se introduce un procedimiento «simplificado de reestructuración y cancelación de la deuda hipotecaria» mediante una «reducción del valor nominal de las hipotecas» de la vivienda habitual para familias cuyos miembros estén todos en paro y no cuenten con ningún otro ingreso, o presenten ingresos inferiores a tres veces el Indicador Público de Rentas de Efectos Múltiples (Iprem). Nada nuevo bajo el sol, pues el Gobierno ya ha flexibilizado los criterios para acceder al Código de Buenas Prácticas para deudores hipotecarios, al cual pueden acceder ahora más beneficiarios debido a la elevación del límite máximo anual de renta familiar hasta los 22.400 euros -incluyendo a los mayores de 60-, y ampliando el valor máximo de la vivienda hasta los 300.000 euros. Este Código aprobado por el Gobierno ha evitado 30.000 desahucios.

Además, estas familias verán exoneradas sus deudas no satisfechas mediante una resolución judicial, siempre que anteriormente hubieran intentado alcanzar un acuerdo extrajudicial. Por si esto fuera poco, la reestructuración de la deuda hipotecaria puede condonarla totalmente a cambio de la dación en pago del inmueble que actúa como garantía. Es decir, que Podemos ha vuelto a piratear una medida social del Gobierno.

También han «inventado» los podemitas en esta «Ley 25» los llamados «bonos sociales», que buscan garantizar por ley el acceso a un suministro mínimo de luz y gas, el cual nunca se cortaría cuando el impago sea por «pobreza sobrevenida». Esta medida es un flagrante pirateo del bono social para la factura de la luz vigente desde el año 2009, del cual se benefician colectivos vulnerables – parados, mayores de 60 años, familias numerosas-, y cuyo coste supone 200 millones.

Por otra parte, las principales empresas eléctricas han llegado a muchos acuerdos con las administraciones a nivel local y regional para evitar los cortes de suministro en casos de impago. Iberdrola, por ejemplo, afirma que la protección ante la suspensión del suministro de luz y gas por impago alcanza ya al 80% de sus clientes. En esta línea, Endesa ha llegado a numerosos acuerdos con los organismos públicos para proteger a 9 millones de personas. Aumentar el número de beneficiarios, y añadir el suministro de gas, como pretende la «ley 25», jamás se podría hacer a coste 0, ya que esta medida supondría un desembolso anual de 14.520 millones, pues afectaría a unos 8,8 millones de personas.

Otra medida de esta Ley es la prohibición de los copagos farmacéuticos en todo el Estado, lo cual costaría unos 7.000 millones. Sin embargo, estas tasas solamente se aplican a partir de una renta determinada, y con una cuantía máxima mensual, con lo cual no perjudican a las familias sin recursos ni a los pensionistas con bajos ingresos.

Tras pasar revista a los revolucionarios inventos de estos piratas caribeños, a mí se me ocurre que la verdadera emergencia nacional hoy día es hundirles su barco, su «Titanic» de pacotilla, para que ellos mismos dijeran, mientras hacen remolinos en el agua helada, aquellas sabias palabras de los pobres y fracasados piratas de las aventuras de Astérix: «Íbamoh a c’brinnos ‘e glo’ia, y noh ‘emos c’biehto e ‘idículo».

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído