Santiago López Castillo

Prietas las filas

Prietas las filas
Santiago López Castillo. PD

Prietas las filas, famélica legión, atruena la razón… La verdad es que estas estrofas suenan a rancio, parias de la tierra, ¡oh! De aquellos signos externos sólo queda el puño en alto y, ¡ah!, la bandera republicana. Ahora son rastas, camisetas con sobacos marcados y niños Bescansa, la utilización impía de un recién nacido. No se autodenominan comunistas, que es lo que son, sino plataformas de progreso, totalitarismo puro y duro. Con una multiplicidad de medios que ya los quisiera cualquier gobernante, democrático, se entiende, toda esta tropa anda exultante de alegría porque ya han tomado el Congreso, escaño a escaño, partido a partido, y ven cerca la revolución para imponer el pensamiento único que a tantos millones de seres ajustició. Sin embargo, cinco millones de resentidos españoles (¿de qué?) los jalean, los justifican, en la creencia de que de ellos será el reino de los cielos. Estadio que dista poco de los fanáticos mujaidines, Alá es grande.

Al aquelarre se ha sumado estos días Julio Anguita, que no contento con holgar en su retiro andaluz se ha llegado hasta la Asturias revolucionaria para insuflar ánimos y combustible en la añorada unidad de la izquierda que quiere liderar, maricón el último, el vanidoso de Pedro Sánchez. Hasta Carrillo, cuando llegó a España legalizado por Adolfo Suárez, se dio cuenta de que la revolución era imposible con una pujante clase media que dejó Franco y sacó, en su lugar, el comunista, claro, un librito titulado «Eurocomunismo» que guardo en mi biblioteca dedicado. Y de aquella opinión eran los Sánchez Montero, Camacho, La Pasionaria y no digamos Ramón Tamames y José Mª Mohedano, referentes estos dos últimos del comunismo durante el franquismo hasta que bebieron las mieles del buen vivir. Éstos, los de Podemos y demás subvencionados por los tiranos, Irán y el chavismo, basan su cambio o patada en los cojones a los contrarios con su totalitarismo en claro objetivo de desmembrar España y a su ateísmo permanente incluida la práctica del abortismo.

Hay quien culpa a Rajoy de todos los padecimientos de la nación pero pocos reconocen su esfuerzo, junto a la ciudadanía con sentido común, para levantar un país en bancarrota dejado así por el indigente cultural y de otras artes marciales llamado José Luís Rodríguez Zapatero.

La RAE, y voy concluyendo, define la palabra izquierdear como «apartarse de la razón y el juicio». Seguramente, por esos motivos servidor se siente más a gusto con el orden que con el desorden, con la reflexión antes que con la algarada. Mi perro «Niebla», mi golden divino, detesta a los profesionales de la bronca. Buscan réditos y son trincones. A lo peor, no sé si se me ha entendido, me lo haré mirar en expresión muy catalana que se lleva mucho.

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