Eleonora Bruzual

Venezuela: La Peste Roja no cambia

Y no cambia porque cómo cambia el hampón que le han salido bien sus fechorías

Venezuela: La Peste Roja no cambia
La periodista Eleonora Bruzual. PD

Este pasado viernes nuevamente el caso de los sobrinos de la mujer de Nicolás Maduro es noticia resaltante en el Diario ABC de España y la información es reproducida por gran número de medios de comunicación. Según refiere el periodista Emili J. Blasco en la mencionada nota, ya son tres los parientes de Cilia Flores que se ven relacionados con el narcotráfico.

Los primeros: Efraín Campo Flores y Francisco de Freites Flores, detenidos en Nueva York desde el pasado mes de noviembre, pareciera que han decidido hablar buscando rebajar una pena a cadena perpetua.

En ese «cante» dice Blasco que han vinculado a Carlos Eric Malpica Flores, conocido como el «Sobrino de oro» de la tía Cilia. Malpica Flores se desempeñaba como tesorero de la República y director financiero de la estatal PDVSA y de ambos cargos repentinamente fue reemplazado, asunto que deja mucho que pensar dado que se le vincula con el lavado de dinero procedente del narcotráfico utilizando los bonos de PDVSA y de la República.

Graves denuncias, posibles concluyentes delaciones y un seguimiento tenaz por parte de los organismos antidroga de Estados Unidos arrecian el evidente nerviosismo de la cúpula de la Peste Roja que desde Maduro, Cilia Flores y Diosdado Cabello, pasando por el diputado Pedro Carreño y la cúpula militar castrochavista se están inventando fábulas necias como si a estas alturas pudieran seguir engañando a los venezolanos y también al mundo entero que les ve enriquecidos mientras han convertido al país en una guarida de narcotraficantes y un paso franco para la droga que inunda Norteamérica y Europa.

Un narcoestado donde los capos rojos nadan en millones y un pobre pueblo hambriento y maleado no sabe si robarse y matarse entre ellos mismos, o despertar como lo hicieron muchos este pasado 6 de diciembre y apalancar el fin de esta Peste maligna. Pueblo que posiblemente esperó dentro de esa perorata fastidiosa y ridícula que presentó Maduro a la Asamblea Nacional ese mismo viernes, que algo dijera de las acusaciones que pesan sobre los narcosobrinos de su «Primera combatiente», pero nada… como nada dijo de la cosecha de muertos que la siembra de violencia y corrupción se recoge a diario en un país que convirtieron en ruinoso, sangriento y destartalado.

El indocumentado, ese que se ha negado a presentar su partida de nacimiento y la oposición política se lo ha aceptado porque para muchos «No es trascendente», desfachatado dice: «Venezuela ha logrado los avances más importantes que jamás tuvo el continente en materia de integración, unión, política económica, avances sociales» lo dice el conductor de chorócratas, de bandas convertidas en brazo armado del régimen forajido, el «Comandante en Jefe» de un estamento militar señalado como parte del narcotráfico que se pavonea impune. Lo dice quien no hace absolutamente nada para poner fin a la tragedia de enfermos sin medicamentos, hambrientos sin comida, sedientos sin agua, presos de conciencia sin justicia.

El indocumentado cuya sola presencia humilla a una nación se atreve a decretar una «emergencia» que le abrirá el campo para «dictar medidas de orden social, económico o político» que sabemos por experiencia lo que traerán consigo. La insaciable marabunta roja apropiándose de los pocos bienes que aún posee el sector privado. La Peste Roja repartiendo lo que otros con grandes esfuerzos han logrado producir, y liquidando el repele de 17 años de saqueo.

Titulo con una verdad que sé irrefutable: La Peste Roja no cambia, y no cambia porque cómo cambia el hampón que le han salido bien sus fechorías; cómo cambia el que se ha burlado de todo un pueblo y todavía hoy logra un respiro tan peligroso como saber que es parte del deseo de algunos cómplices de que esta rebatiña perversa y esta impunidad siga por bastantes años más.

Ramos Allup fue la voz opositora del pasado viernes de las repetidas y conocidas mentiras castrochavistas. El fogueado parlamentario resaltó: «A veces hay que doblarse para no partirse. Que nadie se equivoque, este es ahora un poder constitucional autónomo que va a debatir, legislar y controlar». Esa aclaratoria me permite ser benigna con críticas que me nacen de su respuesta al que parece estar para culminar la destrucción de Venezuela.

Eso sí, no se dobló ni calló cuando le cantó las necesarias verdades a ese generalato corrompido que ha hecho de la fuerza armada un brazo letal de la Peste maligna. ¡Bravo! Pero aun así le pido que no olvide que para salvar a nuestro país, Maduro y la banda deben irse.

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