Luís Fernando Garrido

La España de charanga y pandereta

La España de charanga y pandereta
Luís Fernando Garrido. PD

Quién le iba a decir a don Antonio Machado que un siglo después de componer esos sublimes versos incluidos en su magistral Campos de Castilla, a la España de hoy se le seguiría identificando con la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta…

Y es que lo vivido en este país los últimos días se asemeja más a un sainete de los Álvarez Quintero que a un país serio que quiere renacer de sus cenizas, cuál Ave Fénix, para seguir haciendo camino en un pueblo que atesora una historia de las más destacadas de nuestro orbe.

De surrealista, esperpéntico, kafkiano, y todos los adjetivos que deseen añadir, se me antoja lo acontecido en suelo patrio en apenas unos días. Y mientras España coquetea con la debacle por mor de unos políticos ineptos, incapaces de construir nada salvo mirarse su propio ombligo, hemos pasado del Chanel nº 5 y las corbatas de seda Olimpo a las mochilas, camisetas de mercata, raskas, cochecitos de bebé, bicicletas y charangas del Tío Honorio en la Casa del pueblo. Esa Cámara Baja que ha sufrido en sus carnes el episodio más jacaroso que se recuerda en nuestra reciente democracia.

Por desgracia, hemos sido el hazmerreír de medio mundo con el espectáculo protagonizado por los podemitas en el Congreso de los Diputados, convertido en plató de TV, con formato de reality show, por los morados en el día de constitución de un estamento que debería ser el estandarte de nuestra democracia y no la guardería particular del babydiputado Dieguito que, teta en ristre, mamaba de su ¿revolucionaria? mamá en medio del espanto general. ¿Y todo en aras de reivindicar una conciliación laboral, falsa y mal entendida? No. Buscaban el spot publicitario de su marca -reventando así el protagonismo de Patxi López en su día de gloria-, para escarnio de todos los españoles. Amenazaron su asalto a la Moncloa e impunemente han comenzado por la carrera de San Jerónimo. Han subido de categoría. Ya no se les conoce como perroflautas. Ahora, gracias a mamá Bescansa, sus señorías se autodefinen como mamoflautas.

Estos desastrados anhelan ser unos snob, sin conocer el significado exacto del término, pero en realidad son unos maleducados, una nueva casta política sin estilo ni clase, con el mal gusto por bandera, que evidencian escasa urbanidad y aparentan no haber desfilado tiempo ha por el señor Roca, catetos por excelencia (lo del guardarropa, descojonante) y poco amigos del Rexona, que pretenden convertir el Congreso en el Circo Price, aquel en el que Pinito del Oro desafiaba hace cinco décadas la ley de Newton dibujando malabarismos sobre un trapecio sin red. Equilibrismos que deberá sortear la Cámara si no quiere asomarse a las portadas de los tabloides y digitales del mundo civilizado y ser mofa cotidiana en las redes sociales de medio planeta. Baste ver los sonrojantes memes de Errejón en brazos de mamá Bescansa, que inundaron las redes que tan bien dominan los podemitas.

Tildan de corruptos a todo quisque cuando andan salpicados por la corrupción vía Irán y Venezuela, las dos dictaduras totalitarias en las que quieren beber como ejemplo de predicamento bolivariano. Se arrogan la exclusiva representatividad del pueblo llano, de la gente de la calle, como si en los pasados 40 años no se hubieran sentado en la Cámara ilustres vicarios de la izquierda española más radical. ¡Si Santiago Carrillo, Marcelino Camacho y Dolores Ibarruri levantaran la cabeza…!

Mientras tanto, la concejala expulsada de C´s por querer cobrar dietas de sus viajes a Chicago se retrata como Dios la trajo al mundo en Interviú, mediante suculento talón bancario; la zapatista Anna Gabriel (CUP) se descuelga con que el capitalismo es el culpable de los atentados de París, y se queda tan fresca; el inefable Artur Mas renuncia a su acta de diputado del Parlament después de liar el sarao que todos sufrimos; el nuevo president de la Generalitat, el ¿impostor?

Carles Puigdemont, su delfín político, promete su cargo saltándose a la torera su lealtad a la Constitución y a la Corona y, además, se ve salpicado por el affaire CataloniaToday; el magistrado emérito del Tribunal Supremo Martín Pallín insta al ministro de Justicia a cesar de un plumazo a la abogada del Estado del caso Nóos, por decir aquello de que «Hacienda somos todos» responde sólo a un slogan publicitario.

Mientras todo esto sucede, la infanta Cristina, hija de reyes y hermana de rey, se sienta en el banquillo de los acusados y siguen planeando sobre nuestras cabezas los casos del Honorable (con perdón) Pujol, Gurtel, Bárcenas, Rato, el 3% catalán, los Eres de Andalucía y su p… madre.

No se equivocó don Antonio: la España de charanga y pandereta…

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