Santiago López Castillo

Acoso a Mariano Rajoy

Acoso a Mariano Rajoy
Santiago López Castillo. PD

Salvo que se convierta en prestidigitador, y no es Drake con capa y chistera, Mariano Rajoy está muerto y bien muerto. El álgebra parlamentaria tiene estas cosas: da vencedor a los perdedores y derrotados a los ganadores, dejémoslo en singular. Vengo diciendo hasta la saciedad que el ególatra de Pedro Sánchez sería investido presidente para mayor gloria del PSOE y de él mismo, que es la albarda antes que el asno, pavo real con cola multicolor en permanente abanico. Sánchez está en un tris de entrar en la Moncloa, su sueño nunca prometido (es indigente cultural cum laude del zapaterismo), palacio al que el presidente del Gobierno invitaba y le cedía la derecha, qué horror, y no le escupía a la cara porque hoy hay escupideras que todo lo ven y todo lo oyen.

Resulta legítimo, legal es otra cuestión, mírese en otros países más democráticos que el nuestro; resulta aceptable, trataba de decir, la suma de los perdedores en detrimento de los ganadores, pero el PP, que no se nos olvide, ha tenido que gobernar gracias a sus mayorías absolutas o apoyado -todo hay que decirlo- por los secesionistas vascos y catalanes. Esta vez no; la undécima legislatura ha venido marcada por este ser en permanente éxtasis, l’Etat soy yo y tiro porque me toca, para vergüenza de los honestos socialistas y de los menos socialistas que acarician el pelo del poder aunque la crin esté plagada de parásitos.

Todo lo brevemente expuesto -sería tan pegajoso como una tira de papel pegajoso, adherente, en guerra contra las moscas-, va dirigido a la falta de respeto a un hombre honesto, decente, rodeado de muchos pufos de su partido. No menos que el partido de Pedro Sánchez, que ha dilapidado los fondos públicos de Andalucía y de toda España.

Mariano Rajoy, a lo que iba, merece un respeto. Ha hecho un gran esfuerzo y, gracias a los españoles, lo ha conseguido. ¿Cuál fue el legado de ZP? La ruina. ¿Y la que nos espera? La desgracia. La pobreza. Estos personajes como el in misericorde Sánchez, no sé si la calificación latina es correcta, rectifíquenme los doctos, merece el respeto del adversario lejos del frenesí y del odio político. Un presidente del Ejecutivo no debe ser vilipendiado, humillado y ultrajado por un antidemócrata al que desea la muerte física o política e incluso a través de la eutanasia. Hasta Carlos Herrera, ponderado radiofonista, se mofó del todavía presidente del Ejecutivo llamándole, en otras palabras, lelo o que la situación le había dado un vahído.

Se está consumando un fraude electoral. Ganarán los que perdieron en las urnas. El que nace tonto, como el que nace rey, ciego o piel roja, tarda algún tiempo en averiguar su pelaje social. Sánchez, el vendedor de caballeros de la planta de El Corte Inglés, está a punto de consumar su sueño. Lo malo es que muchos ignorantes españoles siguen adormilados.

Alea jacta est.

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