Santiago López Castillo

Nadar contra corriente

Nadar contra corriente
Santiago López Castillo. PD

Siempre se ha considerado un mérito nadar contra corriente. El mundo terrestre y el de los otros están llenos de distinciones heroicas, según se mire, claro, porque muchos han gozado con el ahogamiento de sus antagónicos bajo las aguas. Pero no voy por ahí, y sí por los salvavidas, no equivalentes a los salva patrias, esos no son s.o.s. sino unos gilipollas. Quiero referirme, concretamente, a los luchadores contra las olas y la adversidad, y, aunque sea de pasada, a los tontos del culo.

Luchan contra corriente los que se ven invadidos por esa chusma populista que se auto afirma el nuevo progresismo. Es como ese Frank en la selva que se siente acosado por cobras y hienas. Lobo feroz o lobby feroz, también cuenta, y perdón por la gracieta, es el cordón sanitario o reedición del pacto del Tinell contra el PP en coordinación con la mayoría de los medios, una de las metas a conquistar por el marxismo-leninismo. Todos contra Rajoy, que no es un objetivo sino una obsesión. E igual que da mucho relumbrón criticar con ímpetu al Real Madrid, aunque sea sin razón, engorda el ego cuando -esté o no en funciones- se critica al Gobierno con saña como lo hace la cadena radiofónica Intereconomía que basa su programación en dar leña al mono hasta que el PP subvencione sus infraestructuras. Y en línea parecida, pero desde la aparente perspectiva de objetividad, anda un tal Carlos Cuesta, buen profesional pero acomplejado por el síndrome periodístico de Estocolmo, que da rienda suelta a los radicales de izquierda para sus debates e incluso rotula con «abogado» cuando es miembro/a del Partido Socialista.

En el musel o dique de contención está toda esa organización del PSOE que dejó de ser obrero y ahora renuncia a ser español. Salvo excepciones, o sea, los arrumbados a la otra vida, los flotadores de Sánchez -el mayor irresponsable del partido- se esfuerzan por sostener su efigie pensando en el oropel y las prebendas que se avecinan. Son como la corte del faraón, todos a una, con la misma túnica e idénticas sandalias. En primer lugar, y en posición de saludo, está Patxi López, el traidor y negociador con ETA, que fue lehendakari gracias a la generosidad del PP, y al que los conservadores, ganadores de las elecciones del 20-D, le han encumbrado a la presidencia de la Cámara Baja. De nada.

Hecha esta exposición, el oleaje más adverso y preocupante es el de la Justicia. Que se caga por las patas abajo ante el independentismo de Cataluña. Y ya son décadas. Cooperadores necesarios son los magistrados y Rajoy en su papel de fraile motilón. La derecha vasca y catalana, más la gallega y ¡viva Cartagena!, la burguesía, en definitiva, está acabando con una nación milenaria como es España pregonando aquéllas necedades tercermundistas, fruto de la frivolidad que se pasa el tiempo rindiéndole culto a lo políticamente correcto. ¡Qué puñetas!

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