Votos y vetos

La culpa la tiene ahora Pablo M. Iglesias

La culpa la tiene ahora Pablo M. Iglesias
César Luena. EP

El paso por Zarzuela de los líderes con mayor facturación en las urnas del 20 de diciembre y el consiguiente encargo de formar Gobierno a quien encabezó la lista más votada, el actual presidente en funciones, no ha debilitado el agotador juego de las quinielas.

La culpa la tiene ahora Pablo M. Iglesias, líder de Podemos, y su extravagante auto-designación como vicepresidente de un futuro Gobierno de izquierdas. Y. una vez más, todos corriendo como idiotas detrás de esa liebre, a pesar del llamamiento de Pedro Sánchez, el imaginado presidente de dicho Gobierno, a respetar los procedimientos y huir de los atajos.

«Es el turno de Rajoy», ha dicho Sánchez por enésima vez. Una forma de atenerse a las fases del procedimiento, Se inicia con el discurso de investidura de Mariano Rajoy y su legítimo intento de ganarse el apoyo de la Cámara. A partir de ahí, contamos con dos meses para desbloquear una irremediable condena a la repetición de las elecciones, so pena de convivir con la inestabilidad política permanente, al estilo italiano.

La clave del bloqueo -o del desbloqueo, en su caso- la tiene el secretario general del PSOE y su negativa a dialogar con Mariano Rajoy, como no paran de recordarle en Moncloa. Una postura que no ha cambiado desde que el líder socialista visitó la Moncloa el pasado 22 de diciembre para decirle a su anfitrión que no hay nada que hablar. Supone admitir su «no» al PP se antepone a cualquier otra formulación.

Eso ha fijado la idea de que el PP no puede hacer nada sin el PSOE. En Ferraz disfrutan con la escenificación de la soledad de Rajoy. Y eso fija la idea de que el PSOE no puede hacer nada sin Podemos, lo cual explica la osadía de Iglesias al nombrar al número dos del imaginado Gobierno de Sánchez. Es el resultado de que el propio Sánchez haya disparado la cotización política del partido que, en el fondo, lo que quiere es hundir al PSOE y quedarse con su espacio.

Las posiciones adoptadas por los dos primeros partidos, PP y PSOE, en los movimientos previos a la formación de un Gobierno estable, se configuran claramente dos formas de contemplar el inmediato futuro de la España política. Una, la encabezada por Rajoy, que quisiera contar con la colaboración socialista. Otra, la diseñada en una eventual convergencia de Iglesias y Sánchez, en la que uno se quiere comer a otro.

Más allá del quinielismo político, se dibuja un telón de fondo de desconfianza en el futuro de la economía mundial, malas noticias sobre los gobiernos de izquierdas en Grecia y Portugal, nuevos pasos hacia la república independiente de Cataluña, golpes que dañan la imagen pública de Podemos (financiación ilegal y más pruebas de adhesión al chavismo), etc.

Esa agitación del escenario puede frenar los ritos de apareamiento de Sánchez con Iglesias («No es lógico que no nos entendamos»).

¿Buscará en Moncloa el blindaje en Ferraz? Conviene esperar a la reunión del Comité Federal del PSOE del día 30. Se verá entonces que Sánchez tiene votos pero también tiene vetos en materia de pactos y alianzas.

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