El egocéntrico Pedro Sánchez

El líder de toda esta ralea

El líder de toda esta ralea
Pedro Sánchez. PD

Salvo el milagro, hecho improbable practicando el ateísmo, el laicismo y el comunismo, el guapito de cara será investido presidente de toda esa ralea que nos circunda con la libertad, igualdad y una mierda. El egocéntrico de Pedro Sánchez, y como corresponde a tal definición, sólo piensa en él, sólo en sí mismo. Decía el moro y filósofo Averroes que no es bueno sentarse en una mecedora y proclamar que Dios es infinitamente misericordioso cuando, a lo peor, nos salen hijos tenuamente obtusos cuando no romos o tontos. El citado pensador no podía caer en la cuenta de que todo ser humano es capaz de superarse en la mentecatez pero no en la inteligencia positiva.

Sánchez, también apodado el vendedor de la planta de caballeros de El Corte Inglés, ha superado -antes de alzarse con el oropel- a Zapatero, el peor presidente de España desde Fernando VII hasta nuestros días. Con tal de ser inquilino de la Moncloa, el secretario general del PSOE se ha vendido hasta al diablo. Ha amañado pactos, componendas, chalaneos. Un batiburrillo de ideologías, coincidentes en la destrucción de España. Desgajando de las siglas del PSOE la E de español y muchos años antes la O de obrero.

Nadie del Comité Federal -salvo excepciones- osará contradecir a este ser engreído que es puro egoísmo. Porque secretario general y partido son la misma cosa: el poder. Cualquiera es el guapo que osa contradecir a este zapaterista cum laude que se alía con los independentistas con tal de gobernar. Han salido voces, sí, de la vieja guardia socialista pero que en esta etapa trágica para España no tienen oficio ni beneficio. Quién va a contrariar a este vacuo de Pedro Sánchez cuando, si gobierna, unos dos mil militantes van a gozar de la mamandurria. Porque Felipe González, vuelve, Felipe, ha pasado de criticar a Podemos, totalitarios marxistas, sufragados por los tiranos de Venezuela e Irán, a representar un papel de silencio y cautela.

De modo que toda esa ralea ya está en la ventanilla de pagos, gracias Sánchez, viva el progreso, y afinando la voz para cagarse en la puta España como dicen los independentistas con aquel Rufián a la cabeza sinónimo de impresentable y perverso. ¿Qué se puede esperar de semejante pazguato que ni por educación se digna hablar una sola palabra con el todavía presidente del Gobierno y sí con toda esa caterva independentista? Mariano Rajoy, que será lo que sea, está sacando a nuestro país de la crisis y, como hombre de Estado -está haciendo lo indecible por formar gobierno-, debe acudir a la sesión de investidura aunque no le cuadren los números. Es un tipo de ley y no el zurupeto de Sánchez que abraza el populismo, el radicalismo y el esperpento.

¿Qué será de este intruso sin oficio ni beneficio si le falta Rajoy? La bancarrota, como a ella nos llevaron los gobiernos socialistas. En «Aplauso a la muerte», de Sibelius, un ajusticiado fue sometido a una angioplastia y, una vez restablecido, pudo ser ahorcado con éxito.

Hágaselo mirar, señor Sánchez, ahora que gasta este tipo de expresiones con los independentistas.

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