Cayetano González

Resulta altamente llamativo que Rajoy sólo haya hablado una vez con Sánchez, Iglesias y Rivera

Resulta altamente llamativo que Rajoy sólo haya hablado una vez con Sánchez, Iglesias y Rivera
Cayetano González. PD

Han pasado treinta y seis días desde la celebración de las elecciones generales y la impresión que tiene la ciudadanía es que ha sido un tiempo perdido, fundamentalmente por parte de los actores principales de ese escenario tan complicado que dibujó el resultado de las urnas.

Pero esa complejidad del mapa político, previsible por otra parte, no es excusa para afear la conducta de los líderes de los principales partidos políticos, que en estas cinco semanas han hablado entre sí muy poco y se han dedicado más a movimientos tácticos que a otra cosa.

El más relevante y sorprendente al mismo tiempo de esos movimientos tácticos fue la renuncia el pasado viernes de Rajoy de aceptar el encargo del Rey para ser el primero en someterse a la investidura.

Hasta veinticuatro horas antes, el líder del PP y actual Presidente del Gobierno en funciones mantuvo que se encontraba con fuerzas para asumir ese reto y que por supuesto que lo iba a hacer.

La excusa, explicada por el propio Rajoy, que le hizo cambiar de opinión fue la oferta hecha por el líder de Podemos, Pablo Iglesias, al PSOE para formar un gobierno de coalición.

Algo que no parece suficiente para entender esa renuncia de Rajoy, momentánea como el propio interesado se encargó de subrayar, a someterse a un Pleno de investidura.

Ante esta situación, el Rey llevará a cabo a partir de este próximo miércoles una segunda ronda de consultas con los líderes de los partidos, que debería ir acompañada para que sea eficaz, de un esfuerzo de diálogo y de pacto entre los partidos que tienen, por los escaños con los que cuentan, capacidad para conformar un gobierno.

Resulta altamente llamativo que hasta la fecha, Rajoy sólo haya hablado una vez con Sánchez, Iglesias y Rivera y que estos tres últimos lo hayan hecho entre sí, sólo por teléfono.

Es verdad que el plazo para convocar unas nuevas elecciones no empieza a correr hasta que se celebre el primer debate de investidura, y que este, de momento, no tiene fecha. Pero más verdad es aún que la situación de inestabilidad e incertidumbre que se está instalando en el panorama político no ayuda nada a generar confianza en los mercados y en los inversores extranjeros que empiezan a recelar de lo que puede pasar con nuestro País en un futuro inmediato.

Si todos los líderes políticos están de acuerdo en que la peor solución sería una repetición de las elecciones, la mínima coherencia en ese planteamiento les llevaría a hacer los esfuerzos que sean necesarios, también en el terreno de las renuncias personales, para lograr cuanto antes un gobierno estable y con una cierta cohesión interna respecto a las cuatro o cinco cuestiones esenciales sobre las que debe pivotar su acción. Nadie dijo que esto fuera a ser fácil.

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