Santiago López Castillo

¿Hacia dóndes vamos?

¿Hacia dóndes vamos?
Santiago López Castillo. PD

El panorama pinta mal, y unos desaprensivos políticos y unos no menos desaprensivos votantes nos han puesto al borde del precipicio. Se presagia la ruptura de España, que ha cumplido, con mejor o peor fortuna, el medio milenio. Si Dios no lo remedia, vamos a la balcanización y no sólo de la mano de la izquierda, aunque también, sino de la derecha de las dos regiones más ricas y favorecidas por el franquismo: Cataluña y País Vasco.

Estamos en manos de un ser ególatra, vanidoso, que sólo se preocupa por él y exclusivamente de él. Sueña como en aquel programa en blanco y negro de TVE «Reina por un día». De momento, ya ha olido la naftalina de los tapices de la Zarzuela y la Moncloa que es una forma de esnifar el poder. Y para su coronación -pese a las sugerencias de los seniors de su partido- se alía con toda la tropa de cutres e independentistas, viva Cartagena. Es el señor Sánchez, dependiente de la planta de caballeros de El Corte Inglés, le llaman por teléfono.

El iluminado ser, que ha estado 45 días mareando la perdiz, dándose el pico con la izquierda radical, y, eso sí, ciscándose en Rajoy y en el PP, se pavonea con la investidura sin darse cuenta de que es un don nadie, aunque haya conseguido la categoría de cum laude del zapaterismo. El jefe del Estado, amén del álgebra parlamentaria, ha mostrado -como lo hizo su padre, el rey Juan Carlos- su inclinación por el partido socialista a sabiendas de que Felipe VI también podría salir por Cartagena u otros puntos neurálgicos del Mediterráneo. Porque hablando se entiende la gente. Ya. Mas la obsesión de Sánchez por la Moncloa no es superior a su fobia por el líder del Partido Popular, al que hubiera querido ver linchado, vejado y ardiendo en la hoguera del Congreso de los Diputados.

Mientras la pedantería de Sánchez se reúne con la extrema izquierda, gora el Frente Popular, y si cuaja esta melé de radicales, la unidad de España tiembla, sus valores, desaparecidos, la piel de toro se estremece y se secará en jirones por un ambicioso y sus secuaces que se relamen con verse en la poltrona de la mamandurria ya que nunca en la vida tuvieron oficio ni beneficio. Estamos abocados a exclamar ¡aleluya! porque el antecesor de lidercillo de pacotilla ya lo anunció sin ningún recato: «Estamos en la Champions League de la economía» y «la próxima legislatura lograremos en pleno». Lo que nos lleva a considerar que en este país no cabe un tonto más.

No quisiera ser agorero y por eso aviso. La unidad de España y su recuperación económica, que hay que anotar en el haber de Mariano Rajoy, debe mantenerse con todas las características diferenciales en las peculiares comunidades autónomas. Añoro, como testigo que fui informativamente, el año 75 y siguientes. Entendamos la democracia con la mayor limpieza, serenidad y ética y huyamos del mal ejemplo de los Balcanes. Espero que este presagio sea un mal sueño.

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