Esther Esteban

Moral, ética y política

Moral, ética y política
Ética empresarial

El otro día un lector de un periódico en la sección «cartas al director» se refería a la cita de Edman Goldman que había encabezado el diario hacia unos días según la cual «la corrupción de la política no tiene nada que ver con la moral» que «su causa es meramente material».

El lector, de nombre Julio Puente, decía que la reflexión es absurda desde el punto de vista ético, «es tanto como decir que la acción política es un mundo que nada tiene que ver con la responsabilidad ética, es decir con la obligación de responder ante los demás. Añadía que eso equivale a decir que las conductas de los políticos en el ejercicio de su actividad no están sujetas a las normas éticas o morales.

«Serían conductas que obedecen a las circunstancias frente a las que el sujeto moral no sería libre ni respondería en conciencia».

Me llamó la atención el asunto porque comparto plenamente el criterio, sobre todo en un tiempo en el que los políticos metidos en el lodazal de la corrupción dejan de la ética y la moral a un lado creyéndose impunes y minimizando las acciones delictivas.

Los casos de corrupción que tienen acorralado al PP son tantos y tan diversos que es imposible intentar separar la responsabilidad penal de la política, sea o no casual que coincida en el tiempo con este periodo tan convulso políticamente donde nada esta escrito ni siquiera si habrá gobierno o elecciones.. La corrupción en algunos partidos se ha transformado en un tema endémico, que es imposible de atajar tras años y años de mirar hacia otro lado y de complacencias de todo tipo.

Algunos hablan ya de una refundación del PP que se lleve por delante a toda una generación de dirigentes que, de un modo u otro, han estado ligados a esta forma tan oscura de hacer las cosas.

Esa tal vez sea la solución y aunque yo creo ni mucho menos que haya partidos corruptos como tal, pero sí personas corruptas y corruptores que han enmendado a organizaciones enteras.

El tema está tomando unas dimensiones espeluznantes. Hemos oído conversaciones de sinvergüenzas que contaban los billetes de las mordidas como en un casino y otros que además fanfarroneaban de poder «asar vacas» con la fortuna procedente del latrocinio de las arcas públicas.

Lo hacían sin sonrojo, sin despeinarse aunque a los ciudadanos sólo escucharles nos produzca vergüenza ajena, pero sólo cuando se ha hecho algo así muchas veces se actúa con tal naturalidad y ahí esta el asunto, en que ha sido demasiado largo en el tiempo y demasiadas veces como para que nadie se diera cuenta.

Siempre sabemos que la condición humana desborda en muchas ocasiones a cualquier imaginación por calenturienta que sea pero ver la cruda realidad y escuchar las grabaciones de las mordidas y sobornos, la normalidad con la que se ha delinquido, la desvergüenza y el desparpajo de quienes se han llenado los bolsillos, resulta vomitivo. ¿En manos de quien hemos estado? ¿Cómo se ha llegado a esta degradación de la cosa pública?, se preguntan muchos y la respuesta es sencilla pues con la complicidad de muchos y la indiferencia de otros.

Según se ha publicado últimamente la línea de investigación que indaga en la relación de Alfonso Rus, expresidente del PP Valencia con una trama internacional de blanqueo y fuga de capitales ha llevado a la guardia civil hasta Brasil y Panamá. En ambos países se está investigando si hay empresas radicadas allí donde se ha podido transferir dinero de las mordidas.

La investigación de esta operación apunta a que los empresarios pagaban entre un tres y un 5% de comisión a los dirigentes del PP y ahora el asunto se centra en si parte de ese dinero ha servido o no para financiar al partido. Hemos sabido que esa trama, esa red de corrupción estaba organizada y jerarquizada es decir funcionaban a modo de mafia con varios capos que hacían los trabajos sucios pero ¿quién era la mano que movía la cuna?

Estos hechos -que añaden una pata internacional al asunto, al más puro estilo de película de Hollywood- serían motivo suficiente para que todos dentro del PP se pusieran manos a la obra y limpiar de arriba abajo esta formación política, pero da la sensación que estamos más ante el «sálvese quien pueda» que ante el caiga quien caiga.

El tema es que si no caen quienes tengan que caer al máximo nivel de responsabilidad, la caída electoral será de todos y si no hay regeneración, el castigo será terrible y merecido.

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