Luís Fernando Garrido

«Susanita tiene un ratón…»

"Susanita tiene un ratón..."
Luís Fernando Garrido. PD

«Un ratón chiquitín, que come chocolate y turrón y bolitas de anís…» Permítanme la licencia jocosa de parafrasear aquella mítica canción de Gaby, Fofó, Miliki y Fofito, los inolvidables payasos de la tele, para tirar de humor ante el cachondeo nacional en que se ha convertido la política española.
Y es que, ante los acontecimientos que se han sucedido estos días en la vida social y política de nuestro país, convertida en una interminable película de suspense, al más puro estilo Alfred Hitcock, barrunto que la presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz tiene decidido desde hace tiempo erigirse en el adalid de los «sociatas» para darle vidilla y sentido de futuro al PSOE ante el más que probable batacazo de Pedro Sánchez en su cansina ambición de sentarse a toda costa en el sillón de la Moncloa, sea al precio que sea.

Susana tiene un ratón –léase as bajo la manga– que guarda celosamente y que sabrá utilizar en su momento porque ha venido acreditando ser la más lista de la clase, política, claro está.

Pero vayamos por partes. El señor NO, como ya se le conoce popularmente a Pedro Sánchez, tras negarse sistemáticamente a dialogar con el PP, se postuló ante El Rey para intentar formar gobierno por el bloqueo que se produjo tras la declinación de Mariano Rajoy en la primera consulta real, en un ¿proceso de negociación? en el que nadie pactaba con nadie. No le quedaba otra.

O tragar quina y aliarse con su enemigo «podemita» y demás fuerzas independentistas o irse a engrosar las listas del INEM. Y es que el candidato socialista comenzó a firmar su sentencia de muerte el pasado 7 de Diciembre en el «Cara a Cara» televisivo en el que insultó a su oponente Rajoy de forma «ruin, miserable y deleznable» en palabras del propio presidente del Gobierno. Ahí comenzó su calvario, censurado por sus propios compañeros y que más tarde le pasaría factura en las urnas, sumando el peor registro de la historia del partido socialista en unas legislativas.

Aferrado al poder de manera enfermiza, ahora Sánchez tiene que mendigar una alianza experimental, que no progresista, al líder nazareno -más por el color de su formación que por sus creencias religiosas, de las que carece por completo– después de castigarnos hasta la saciedad con la cantinela de que jamás pactaría con el populismo y con partidos que no defendieran la unidad de España.

Pero resulta que el «camarero de Casa Manolo», como ya se conoce cariñosamente a Pablo Iglesias, demostró tener más clarividencia que el líder socialista, pues se adelantó a lanzarle un órdago falso y envenenado, con chantaje incluido, en el que el mandamás «podemita», en un alarde de postureo, le dictaba un Gobierno ya configurado, con el propio Iglesias de vicepresidente, y con la plana mayor nazarena controlando las carteras ministeriales más destacadas, por aquello de la proporcionalidad del voto. Vamos, un Gobierno a la carta, en el que Sánchez se convertiría en la marioneta de Iglesias. Y, además, escenificándolo con luz y taquígrafos. ¡De auténtica coña!

Sánchez no se entera

Pues en esas estamos. Y Sánchez sin enterarse de que el único objetivo que mueve al que pretende ser su socio en esta locura colectiva de la izquierda, es fagocitar al PSOE, enviándole al patíbulo por la vía rápida. Entonces, ¿cómo pactar con quién quiere ser tu verdugo?

Nos movemos, por tanto, sobre arenas movedizas en las que el candidato a la Moncloa puede salir airoso en virtud a unos pactos imposibles que, más pronto que tarde, acabarían por devorarle, o irse con viento fresco a su casa, a pesar de que, como apunta Alfonso Rojo, las bases «sociatas» le den el beneplácito -es muy goloso el caramelo ofertado– para empezar a desprender un intenso tufillo a cadáver político.

Pero como Sánchez dice que «va en serio» y está dispuesto a vender su alma – y el PSOE– al diablo con tal de inscribir su nombre en la historia de España como presidente del Ejecutivo, puede ocurrir que el candidato saque adelante su propuesta de un Gobierno imposible, que a lo sumo tendría una efímera legislatura, o desistir de su locura para facilitar que sea el PP el que lo intente de nuevo.

Y ahí, en ambos supuestos, surge la figura de Susana Díaz. La presidente andaluza ha evidenciado su astucia, manteniéndose al margen de la polémica o pasando de puntillas por ella, propiciando que sea el propio Sánchez quien rubrique su particular «harakiri». Defenestrado el secretario general, Susanita desembarcaría en Ferraz, arropada por su potente flota, para erigirse en capitana de la nave socialista de cara a unos nuevos comicios electorales, en los que la dirigente sevillana se apostaría en la «pole position» de la parrilla de salida.

Susana es lista, sabe lo que quiere, domina la palabra, no peca de excesiva demagogia, no tiene mala prensa, y de momento no está irrigada por la corrupción (salvo su presunto conocimiento de los Eres). Y, además, goza de la simpatía del electorado femenino, que no es moco de pavo.

Barrunto que pronto las bases socialistas comiencen a entonar la vieja canción de los legendarios payasos de la tele: «Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín…». Pero, ¡ojo! que el ratón no es tan diminuto como reza el estribillo.

Luís Fernando Garrido
(Editor y Periodista)

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído