Fernando Jáuregui

Estaba dormido y no durmiendo cuando me pilló la cámara de televisión

Estaba dormido y no durmiendo cuando me pilló la cámara de televisión
Fernando Jáuregui.

De manera algo inmisericorde, el cámara de una televisión de gran audiencia sorprendió este martes a quien suscribe dormitando –¿a qué decir eso tan manido de que estaba ‘meditando’?- en un momento de la rueda de prensa de Mariano Rajoy en La Moncloa tras su segunda entrevista con el Rey, en la que anunció que Don Felipe no le había encargado formar Gobierno.

De modo aún menos misericordioso, las redes sociales se poblaron de mensajes preguntándome -eso, los más educados- si la comparecencia del presidente en funciones resultaba tan, tan aburrida como quedaba evidenciado en mi somnoliento rostro.

Les he respondido con la chirigota de que no estaba durmiendo, sino dormido, parafrasean la anécdota aquella que seguro que usted conoce y que, claro, no voy a repetir. A otros les dije que estaba soñando con una España mejor y que ‘I have a dream’.

Lo cierto es que no faltaron quienes quisieron propinar alguna patada a la comparecencia de Rajoy en mi, ejem, por otra parte modesta espinilla: si a uno, que es un mindundi, le asaltan así en las redes sociales, comprendo la que se armó cuando pillaron a Celia Villalobos, que es una celebridad por méritos propios, jugando al Candy Crush.

Y es cierto: no dijo nada nuevo el presidente que pudiera excitar los ánimos del periodista cansado -menuda tralla llevamos estos días– y un poco dopado con anticatarrales, que ya se sabe que no son precisamente vivificantes. Conste que asistí con atención a la rueda de prensa (claro, a la casi totalidad de ella), aunque me abstuve de preguntar: me quedé con la sensación, luego corroborada por la realidad, de que Rajoy ya sabía que, aquella misma tarde, el jefe del Estado iba a encargar a Pedro Sánchez el intento de lograr la investidura, a la vista de que el presidente del PP parecía mostrarse remiso a asumir la responsabilidad.

Y otra idea que se me quedó adherida era la de que el presidente en funciones prosigue con ese lento tirar la toalla que, me parece, quedó claro ya en la noche electoral, cuarenta y cuatro días ha sin que el panorama político haya mejorado demasiado. Creo que Rajoy sabe que ya carece de futuro político, aunque en su círculo de confianza, y quizá él mismo, no quieran admitirlo.

Pienso, igualmente, que en las filas ‘populares’ cunde la sensación de que, aunque lo suyo es difícil -yo siempre me he mostrado muy escéptico sobre la posibilidad de que, al final, se concrete ese ‘Gobierno de progreso’ que el secretario general del PSOE ha empezado a gestionar no sé si con tantas luces y taquígrafos como presumía–, Sánchez quizá pueda lograrlo.

Si Podemos aplaza su exigencia de un referéndum de autodeterminación para Cataluña, si la Legislatura se constriñe a dos años de reformas democráticas antes de convocar nuevas elecciones y si los nacionalistas y separatistas ceden algo en sus presiones, quizá la cosa le salga bien al líder socialista, con permiso de sus ‘barones’ y, claro está, de esa militancia a la que le ha prometido consultar.

Puede, en función de cómo salga el tapiz que se está tejiendo, que incluso salga bien para el conjunto de los españoles, aunque a mí las dosis de optimismo se me están acabando.

Seguramente, lo admito, seguí con mucha más atención las comparecencias ante los periodistas de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias, a través de la televisión -no se puede estar, durmiendo, dormido, jorobado o jorobando, o despierto o despertando, en todas partes a la vez–, que la de Rajoy en directo: ellos dos son el presunto futuro, Rajoy es el casi seguro pasado.

Lamenté que algunos interpretasen mi ‘I have a dream’ evidenciado en la televisión -y encima, en ‘prime time’– como una falta de respeto al presidente en funciones, al que, es cierto, he criticado por muchas cosas, pero cuyo esfuerzo por cambiar sus actitudes en los tres últimos meses reconozco y elogio.

Rajoy se va, aunque él aún quizá ni lo sepa, habiendo hecho bastantes cosas buenas por su país, y equivocándose en algunas otras. Pero la verdad es que a veces sí, me aburre un tanto Rajoy, y no puedo, aunque quisiera, evitarlo. Quizá por eso, más que por la corrupción y por su falta de arrojo, ya no puede seguir en La Moncloa mucho más tiempo.

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