Antonio Casado

Sánchez suda tinta defendiendo una alianza «contradictoria», heterogénea» y «experimental»

Sánchez suda tinta defendiendo una alianza "contradictoria", heterogénea" y "experimental"
Luena, Sánchez y el PSOE. EP

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, ni siquiera dio al Rey la oportunidad de encargarle por segunda vez la formación de Gobierno como jefe de filas de la lista más votada el 20-D.

Simplemente se apresuró a comunicarle que, cautivo de la matemática, seguía sin reunir las condiciones -o sea, los votos- para someterse a la investidura. Como sobre la mesa del Monarca ya estaba el ofrecimiento de Pedro Sánchez, el desenlace no podía ser otro. Y así lo comunicó Zarzuela al presidente del Congreso, Patxi López, la noche del martes.

Ya tenemos a Sánchez en la vía institucional prevista para recabar la confianza del Congreso en los términos del artículo 99 de la Constitución. Al menos ya podemos celebrar que, por fin, se ha desbloqueado la situación derivada del vacío legal al que nos hubiéramos enfrentado si, por las mismas razones que Rajoy, el líder del PSOE hubiera declinado el encargo del Rey.

Ahora correrá el plazo de dos meses hasta una eventual repetición de las elecciones a partir de la primera votación, en caso de que ni Sánchez ni otro candidato consigan la confianza de la Cámara por mayoría absoluta a la primera o ya por mayoría simple cuarenta y ocho horas después.

Habida cuenta de que Sánchez ha pedido al menos un mes de plazo para negociar con fuerzas políticas a derecha y a izquierda, antes de someter su propuesta a la militancia socialista y antes de acudir a la sesión de investidura, muchos analistas tendrán la sensación de relacionar el paso de los meses con un posible retraso del congreso del PSOE, de modo que, si no se convierte en presidente del Gobierno y luego tampoco lo consigue Rajoy, el calendario se echaría encima de la fecha prevista para celebrar las primarias internas (8 mayo) y el posterior congreso (21 de mayo), hasta mezclarse con una posible campaña electoral.

En todo caso, es un asunto menor frente a la importancia de lo ocurrido a última hora del martes.

Se ha desbloqueado una situación institucional cargada de riesgos gracias al paso adelante del líder socialista, aún al riesgo nada descartable de que la matemática no le sea propicia a la hora de votar. Y gracias, por supuesto, a la decisión del Rey de encargarle la tarea. Era lo más coherente desde el punto de vista institucional.

Y desde el punto de vista político, algo ajeno al papel del Rey, quedamos atentos a la pantalla. Pasto fresco para analistas y contertulios de guardia. Véase cómo se ha invertido la carga de la prueba.

Antes era Sánchez el que esperaba que Rajoy aceptase el encargo, de modo que en el hemiciclo se escenificase la soledad del PP. Ahora es Rajoy el que espera ver cómo Sánchez suda tinta defendiendo una alianza «contradictoria», heterogénea» y «experimental».

Cierto. Pero corriendo el riesgo de que al PSOE le salgan los números y no haya segunda oportunidad para el PP.

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