Laureano Benítez Grande-Caballero

Alicia en el país de los sátiros

El bochornoso espectáculo de los títeres de Tetuán no fue una sátira ocasional, sino el fiel reflejo de la ideología antisistema de Podemos

Alicia en el país de los sátiros
Laureano Benitez Grande-Caballero. PD

Ya había advertido en un artículo anterior el escalofrío que me daban estos carnavales en manos de la chusma podemita, con el colmillo siempre afilado para todo lo que suponga paganismo, escándalo, presencia mediática, subversión y bacanal. Y no defraudaron, sino más bien todo lo contrario, ya que he de confesar que mis melindres se quedaron cortos, y el nauseabundo show de los titirietarras me dejó titiritando de puro escalofrío siberiano.

Ay, Alicia, pobre Alicia, pobre niña, expulsada de tu país de las maravillas para ser secuestrada por los sátiros del «Patio Maravillas», seducida por sus flautas de pan y sus perros Cerberos.

Ya te habían tirado los tejos en la kabalgokupa maravillosa de los Magos, que, sin embargo, no había sido el principio de este «rapto» de las Alicias que busca adoctrinar a la juventud en la lucha revolucionaria contra el sistema: un cargo podemita ya había dicho que había que enseñar a los niños en la escuela a no votar al PP; en algunos libros de Educación para la Ciudadanía se promociona la poligamia, la poliandria (una mujer que tiene varios hombres), y el fomento de las relaciones sexuales entre mujeres, recomendando películas y páginas web sobre la homosexualidad. Paralelalmente, en algunas CCAA se compran enormes cargamentos de preservativos y lubricantes, con vistas a la educación sexual de los alumnos.

En octubre pasado, el Ayuntamiento socialista de Sevilla compró 7000 monodosis y lubricantes para uso vaginal y anal, con la intención de «educar» a los alumnos de Secundaria a «disfrutar de las relaciones eróticas». O sea, que en nuestro país una política educativa importante es la de crear sátiros, paradigmas de la promiscuidad sexual.

Por si esta satirización fuera insuficiente, también quieren prohibir la religión en las aulas, para que la degeneración sea apoteósica y no encuentre cortapisas ni fachoserías por el camino.

Así que ya tenemos otra especie dentro de la fauna política de nuestro desgraciado país: el sátiro. Es decir, el que hace sátiras y satiriconadas, ya sea en kabalgokupas, en congresokupas, o en titiriteokupas. Los sátiros eran como la guardia pretoriana del dios Dionisos, aunque también se asociaban con el dios Pan. Los tres más importantes eran Marón, Leneo y Astreo -o sea, Iglesias, Errejón y Moneydero-, iguales a su padre, de nombre Silene -SiLenin para los amigos-, a los cuales se atribuye la paternidad de los sátiros, criaturas juveniles, picaras y alegres -la mitad de apariencia cabruna-, que, a pesar de su carácter festivo, se podían volver peligrosas, incluso violentas, especialmente con monjas, banqueros, policías y jueces.

Su trabajo dionisíaco les hacía amantes del vino y las mujeres, pero no a la manera de Manolo Escobar, ya que lo de ellos era como más de botellón y alcaloides.

A las mujeres dionisíacas se las conocía como ménades o bacantes, y también como amazonas -claro antecedente de feminazis y bolleras-. Compartían los mismos vicios promiscuos que los sátiros, por lo cual ambos cobraban un especial protagonismo en los carnavales, expresamente en los títeres, su especialidad, cuyas maravillosas creaciones artísticas frecuentemente despiporraban mensajes cutres, nauseabundos y obscenos con los que solamente ellos se tronchaban, mientras sus pobres personajes eran vilmente torturados por ser fachosos y representar el imperio de la ley y el orden, los dos monstruos para todo buen sátiro antistema que se precie.

Ay, Alicia, pobre Alicia exiliada de tu país maravilloso de la infancia -que inventó «el ratoncito Pérez, ¿recuerdas?- para ir a caer en las manos de los «hombres del saco», de «cocos» y «sacamantecas» de nuevo cuño, y de tantos otros sátiros con los que tendrás pesadillas de consoladores, sodomías, sogas balanceándose en el aire con jueces, policías masacrados y monjas violadas. Y todo muy gore, y muy gora gora. Como dijo alguien muy famoso -que no conocerás-: «¡Gora la muerte!»

La progresía petirroja, claro, dice que es un despropósito encerrar en la cárcel a estos sátiros luciferinos, que todo era una sátira, que si la libertad de expresión, que si vivimos en un Estado policial… Y eso que todavía no ha cagado Willy el Toledano…

Y es que, pobre Alicia, niña de España, vives en una sociedad enferma, de psiquiatra de guardia: en un país lleno de brujos y brujas de los de verruga en la nariz y en el culo, de sátiros pervertidos, de estúpidos de museo, de mentecatos paniaguados por las élites mundialistas para que con su caspoizquierdismo destruyan tu país y tu infancia; en un país donde se da la maravilla de que la gente seguirá votando a quienes defienden a los titiriteros que te producen las pesadillas, pidiendo su libertad; a quienes defienden a los que enaltecen terrorismos, asesinatos, violaciones, colgamientos, palizas… a quienes corrompen tu infancia y te roban tus sueños con titirikabalgatas; padres y madres de familia, ciudadanos ejemplares que votan toda esta carroña del mismo modo que las señoras jubiladas buenas cristianas, de misa diaria, gritan aquello de «¡ETA, mátalos!».

Al principio, iban diciendo que eran «la gente», y pudieron engañar a los ignorantes, a los resentidos y a los idealistas; pero pronto se vio que no eran sino «gentuza». Y así pasaron del aplauso del «chapeau» a la «chapuza», igual que hay moros y «morosmuza».

Bramaban contra la «casta», pero ahora son una tétrica «castuza», porque al menos los castizos de siempre llevan corbata y tienen como más clase y educación.

Pero aunque ya se les ve toda esta mugre y cochambre, adobada con corruptelas…¡les siguen votando! ¿Será que también comparten sus ideas satiriconas?

Claman contra el enchironamiento de los sátiros, alegando que los corruptos del PP están en la calle todavía. Sí, los sátiros podemitas están todavía en calles y avenidas, en hemiciclos y salones, en galas esmoquinadas, a pesar de que están siendo investigados por sus financiaciones presuntamente fraudulentas, por la oscuridad de sus cuentas.

Y, aparte de la corrupción financiera, estos sátiros son expertos en la otra corrupción, la moral, comúnmente llamada perversión, degradación, degeneración y depravación -pero nunca dimitirán, claro-. Con sus títeres, son corruptores de menores, pero no es una simple sátira de carnaval, una broma de mal gusto ocasional, ya que el horror del espectáculo titiritero de Tetuán refleja la ideología fascista y violenta de los antisistema podemitas, largamente incubada en estos años: es una corrupción ominosa asaltar capillas amenazando con piromanías, pues por aquí se empieza a violar monjas; es una depravación corrupta amenazar con colgar a los banqueros -y eso que Botín ya había fallecido- desde tuits filonazis, y por aquí se empieza a poner sogas en los guiñoles satíricos; es una corrupta degradación desear tirar bombas en los tendidos taurinos; es una perversión corrupta colgar tuits con personajes -Gallardón, por ejemplo- asesinados imaginariamente con un balazo en la frente; es una escandalosa corrupción amenazar a los policías como hizo Errejón Potter, con su tuit «13.12 #acab»-«Acab» es el acrónimo de la expresión «All Cops Are Bastards» «Todos los policías son unos bastardos»-, y esta execrable expresión es la que los sátiros utilizan en sus shows para apalizar policías; es una corrupción nauseabunda amenazar con cortar el cuello al Rey por un sátiro CUP; es una degradación delictiva la comprensión del Coletudo hacia el asesino Juana de Chaos, sus simpatías por el colectivo de presos etarras, su comprensión de la ETA como movimiento político que no tuvo más remedio que tomar las armas ante el «candado» de la Transición, que impedía al pueblo vasco expresar sus derechos históricos; comprensión que luego acaba en GORA-ALKA-ETA.

Por eso la chusma podemita defiende a los titiritetarras, faltaría más. Es libertad de expresión, alegan, pero no dicen lo mismo cuando es la falta de libertad de expresión la que encarcela a los disidentes venezolanos. Dicen que lo discutible solamente es que se representara ante niños, como si los contenidos solo fueran terroristas para los infantes, como si a los adultos nos gustase la violación de monjas…

A ellos no parece importarle, pues se trata nada más que de monjas fachas, -o sea, que lo tienen merecido, ellas, que llevan siglos «rescatando« a «la gente» con su beneficiencia mientras el rojerío se engolosina con sus dachas, sus gulags y sus chekas-y por eso las feminazis, tan obsesivas con los derechos de las mujeres, no protestan. Como si no fuera delito enaltecer la violencia, hacer apología del odio.

Ay, Alicia, pobre Alicia, desterrada del país de las maravillas, abducida en el país de los sátiros. Pero tranquila: aunque intenten que lo desconozcas, Jesucristo habló de ellos en el Evangelio, y contra esta gentuza Él, -el Dios de la misericordia, el perdón y la indulgencia con los pecadores-, pronunció la condena más tremenda, las palabras más duras e inmisericordes de su mensaje evangélico: «Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar». Están advertidos.

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