Rafael Torres

¿Qué le ha hecho la Cultura al Ayuntamiento de Madrid?

¿Qué le ha hecho la Cultura al Ayuntamiento de Madrid?
Celia Máyer, Manuela Carmena y Mirta Núñez. PD

¿Qué le habrá hecho la Cultura a Ahora Madrid/Podemos? No bien dicho conglomerado se hizo con el poder municipal en Madrid, designó concejal de Cultura a un Guillermo Zapata ayuno enteramente de ella, y como el chico duró dos días al trascender lo bruto que era, él y sus tuits, vino a sustituirle, en un rapto de inspiración del dedo de la alcaldesa, una Celia Mayer más ayuna todavía.

Con tanto ayuno, era previsible que la Cultura en manos del Ayuntamiento de Madrid acabara muriéndose de hambre, pero no tanto que acabaran pagándolo el gran Juan Pujol García, «Garbo», al que han querido quitarle la calle al confundirlo con un sicario de Franco, y los dos pobres titiriteros granadinos, que bastante tienen con lo mantas que son.

Dejando a un lado el hecho de que resulta inaceptable propinar a los niños (ni a nadie) un espectáculo de tan ínfima calidad, y también el de la evidente desproporción entre la falta y el castigo, del suceso titiriteril llaman la atención un par de cosas.

La primera, la pervivencia en el consistorio madrileño de la práctica desaforada del amiguismo, del sectarismo y de las adjudicaciones «menores» a dedo, y la segunda, el morro que le echan al remunerar a los artistas, bien que en éste caso lo de artistas es a todas luces infundado: Les daban 1.000 euros por dos funciones, en tanto que el que les llamó se llevaba, por llamarles, casi 6.000, y el «coordinador» del dislate, por coordinarlo, casi 18.000. He escrito morro, pero podía haber escrito algo muchísimo peor.

Los correligionarios granadinos de los titiriteros explican el argumento de la obra «La Bruja y Don Cristóbal», que en la representación no se entiende por lo mala que es y hay que explicarlo: La Bruja, que vendría a ser La Chica, liquida al casero, a la monja, al juez y al policía en legítima defensa, pues todos ellos la han brutalizado. Según esa explicación, la pancarta «Alka-Eta» se la pone la policía a la chica para que se la cargue a base de bien.

Se trata, dicen los amigos de los titiriteros, de denunciar la persecución que sufre el movimiento libertario mediante los arcanos tradicionales del guiñol. Todo eso está muy bien, pero ¿y Celia Mayer? ¿De dónde ha salido esa Celia Mayer que castiga con eso, despidadamente, a los niños de Tetuán?

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