Víctor Entrialgo de Castro

Del respeto, la tolerancia y otras costumbres en desuso

Del respeto, la tolerancia y otras costumbres en desuso
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

El respeto y la tolerancia son los pilares de la libertad. Por ellos nos mantenemos al margen de las acciones libres de nuestros semejantes, salvo que ellos, abusando de la suya, impidan o invadan las nuestras.

Esto es lo que sucede cuando en una democracia unos respetan las reglas y utilizan la lógica democrática y otros, aprovechándose de los logros de aquella, emplean la acción y la lógica revolucionaria. Estos últimos utilizan el régimen de libertades, no porque crean en ellas, sino «por imperativo legal», como acaban de prometer vergonzosamente algunos diputados y senadores en una astracanada en la que cada uno ha prometido por los tontos de su pueblo.

Este saltarse la normas, los usos y costumbres de las instituciones y aún de la patria y la nación de cuyas vicisitudes han formado parte los padres de los padres de los padres de «todos los prometedores» por más de cinco siglos, -reniegue de ello cada uno de ello cuanto quiera-; esta afición por saltarse todo uso, costumbre o tradición, que tienen estos chavales que dan saltos por el Congreso o los ayuntamientos inventando la sinpar cabalgata de los Reyes Magos atea, la etiqueta para ir al cine de esmoquin y al parlamento con el niño o en camiseta; o subvencionan las marionetas de película de miedo del ayuntamiento de Madrid que se amparan en la libertad de expresión para dar vivas al terrorismo, todas estas formas de la falta del respeto debido a la costumbre y la tradición, forman parte de esta lógica y práctica revolucionaria, que lo que pretende, lo sepan o no sus votantes, no es ampliar el marco de libertades sino restringirlo, con imposiciones y cambios radicales y autoritarios en las costumbres seculares y en el inconsciente colectivo propias del populismo totalitario que, eso si, siempre viene a «libertarnos».

El problema existe cuando una cincuentena de diputados y algunos amigos quieren arrollar a los demás revolucionariamente, bien llevando a cabo actos disgregadores de la unidad nacional, o intentando el poder por asalto, prevaliéndose de que la mayoría sí practica el respeto y la tolerancia.

Cuando con cincuenta escaños y unos cuantos amigos sin ninguna experiencia profesional, sin haber trabajado nunca, se tiene el atrevimiento de pretender mandar e imponer sus ideas con resabios y prejuicios totalitarios, o sea, transformar la sociedad con nocturnidad y que nos estemos quietos y no mostremos contrariedad, ante la cual muestran sorpresa.

Estos grupos que se han organizado con dinero de potencias extranjeras y discursos grabados, ayer decían cosas radicalmente opuestas a las de hoy y seguramente a las que dirán mañana, lógica troskista de la revolución permanente de cambiar la política y sus estrategias al compás de los sucesos del dia siguiente. Estos chavales/as no se contentan con competir en buena lid en las elecciones sino que persiguen tomar el poder por asalto, como tienen manifestado, de cualquier forma y a cualquier precio.

Por eso, cuando el respeto y la tolerancia, pilares de la convivencia de los más, son atacados, los ciudadanos tienen derecho a comprobar que la reacción del Estado de derecho frente a esas afrentas y esas conductas es inmediata, contundente y ejemplarizante para evitar su repetición.

Porque los totalitarios, separatistas y antisistemas deben saber que aun con el gobierno en funciones siguen siendo obligatorias el respeto y la tolerancia,las virtudes públicas, la veracidad y el respeto, la dignidad y la discreción. Y que el monopolio de la fuerza coactiva del Estado existe para garantizar que sean sean reales y efectivas.

A quienes no observan los límites es preciso decirles, o mostrarles si es preciso con el imperio de la ley, que eso precisamente es la civilización, un sistema de límites que permite la libertad. Un sistema de autolimitación en beneficio de todos. Eso es lo que distingue a los pueblos o comunidades civilizados y los salvajes. Y todos sabemos que en el nuestro al menos hay una mezcla de ambos.

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