Eleonora Bruzual

Venezuela: ¡Por las buenas o por las malas!

Militares saqueadores, que les importa un pito estar señalados como narcotraficantes y muestran sin pudor su riqueza amasada en estos 17 años de rebatiña

Venezuela: ¡Por las buenas o por las malas!
La periodista Eleonora Bruzual. PD

El título lo saco de lo declarado por Nicolás Maduro el pasado jueves, refiriéndose a que él y su banda no permitirán que las masas disidentes les saquemos del poder de manera constitucional y que impedirán que la mayoría opositora hoy en el Poder Legislativo busque mecanismos constitucionales para acortar el mandato de quienes, con el mayor descaro, han pretendido reeditar esa tragedia cubana con sus 57 años de tiranía, de corrupción en las elites gobernantes, de pueblo hambreado y de coto particular de los sátrapas Fidel y Raúl Castro, sin dudas los dueños del miedo.

Y esta actitud de la Peste Roja no es nueva, en tiempos del transgresor mayor Hugo Chávez ya la consigna era «No volverán» y decirlo era dejar en claro que consideraban a Venezuela su terreno, su conuco, su parcela… su propiedad donde nadie más que ellos ostentaría el poder.

Así transcurrieron estos 17 años de saqueo contumaz, de prostitución de las instituciones y de la gran mayoría del pueblo, de desmantelamiento del Estado.

Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y el resto de los capos de esta mafia roja, que sume a todo un pueblo en la miseria más terrible y en la aterradora conversión de miles de jóvenes en malandros, decididos a imponerse a sangre y fuego, se salta a la torera la decisión de una mayoría que el 6 de diciembre pasado a través del voto mostró su descontento y su rechazo a la más grande mentira que mostrará la historia venezolana.

Falacia que presentaron como revolución y no ha sido más que el asalto de unos militares indignos e ignorantísimos acompañados de civiles tan ávidos de riqueza fácil como ellos. Asalto a las arcas de una nación, del país quinto productor de petróleo del mundo, hoy a la par de paupérrimas naciones de África y tan ruinosa como Haití o más.

«Por las buenas o por las malas» es el escupitajo que por respuesta lanza Nicolás Maduro al que bien le responde el crítico de teatro y profesor universitario Leonardo Azparren diciéndole: «…la soberbia de un iletrado es inaceptable. Usted insulta la inteligencia de los venezolanos.

La historia será implacable con usted.» Y es esa la misma respuesta que merece cada uno de los ladrones que agrupa esa banda roja infinitamente cuatrera, infinitamente amoral, infinitamente insolente.

Esa banda integrada por la escoria de un país donde muchos de sus habitantes en distintos estratos de su sociedad cometieron la más dolorosa y costosa de las equivocaciones: Llevar a un vándalo al poder y aplaudirle mentiras, salvajismos y crímenes para de esa manera entrar en la repartición más aterradora que se nos muestra hoy en una Venezuela arrasada. Por eso lo digo con absoluta claridad y sin sentir que hiero a nadie porque los heridos, los ofendidos, los humillados somos los ciudadanos víctimas de esta Peste Roja, por eso lo dejo muy claro: Veo un militar y se me revuelve el estómago.

No lo puedo evitar ya que los peores saqueadores han salido de la indigna fuerza armada que buscó refuerzos en un mundo civil que cultivó igualmente el crimen y la desvergüenza.

Los veo y veo su culpabilidad en la muerte de niños aquejados de cáncer que no cuentan con los medicamentos necesarios para su recuperación. Los veo y la ira me domina porque mientras su preocupación es la impunidad para delitos infames, miles de seres mueren porque en Venezuela no hay medicamentos, no hay equipos médicos, no hay atención hospitalaria, no hay recursos ni siquiera para alimentarse y prevenir la enfermedad.

Militares saqueadores, que les importa un pito estar señalados como narcotraficantes y muestran sin pudor su riqueza amasada en estos 17 años de rebatiña. Combo de civiles y militares malignos salidos de los estratos más pobres y que hoy en día son potentados con cuentas bancarias millonarias, aras de caballos pura sangre, mansiones en las zonas más caras del primer mundo, flotillas de aviones, grandes yates y una infinita amoralidad que los lleva ahora, desnudos en su bellaquería, a pretender quedarse con Venezuela como su patrimonio particular para pagarle tetas y traseros a jineteras, muchas menores de edad, pagar proxenetas que les suministren carne fresca y reinar impunes sobre recuas de hambrientos y montañas de cadáveres producto de la siembra de violencia e impunidad.

¡Pero no, malandros abyectos! no se quedarán con Venezuela ni por las buenas ni por las malas, no utilizarán más este país mancillado como guarida de bandas empoderadas. 17 años fue demasiado tiempo permitiéndoles el saqueo, la ruina y la burla ¡Se acabó, fuera!

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