Alfonso Rojo

El poder conlleva inmensas ventajas y la carga de proteger a los tuyos y responsabilizarte

El poder conlleva inmensas ventajas y la carga de proteger a los tuyos y responsabilizarte
Alfonso Rojo. PD

A lo largo de la Historia, son incontables los líderes militares que han exigido a sus hombres hacer frente a la muerte con valor y orgullo. Sólo algunos, los mejores, lo han conseguido siempre.

A medida que han ido produciéndose avances tecnológicos, el papel del general ha cambiado, pero me sigue fascinando la figura de un personaje como Alejandro Magno, que cargaba el primero, abría camino a las tropas y arriesgaba tanto o más que el último soldado.

De esa forma de liderar en el campo de batalla, lo único parecido que resta actualmente está en el Tzáhal, las Fuerzas de Defensa de Israel, lo que explica el elevado número de bajas que sufre entre sus oficiales.

Quizá recuerden la ‘Operación Trueno’, el rescate de los 248 pasajeros de un avión de Air France que terroristas palestinos y sus cómplices occidentales se habían llevado al Aeropuerto de Entebbe.

En aquella misión, que se saldó en 53 minutos con la liberación de los cautivos y la muerte de los secuestradores y 45 soldados ugandeses, sólo falleció uno de los 100 comandos israelíes: su jefe el teniente coronel Yonatan Netanyahu. Cayó, porque iba el primero.

Cuando hice la mili y de eso han pasado también cuatro décadas, una de las normas que nos inculcaban a los universitarios de IMEC es que si ibas de marcha debías esperar a que la tropa estuviera descansando para acostarte y que a la hora del rancho, comía antes que tu.

A algún tontarra le olerá esto a naftalina, pero olvídense de los detalles bélicos y piensen lo diferente que sería la sociedad española si la política, la empresa, el periodismo o el funcionariado operase con semejantes criterios y no bajo el moruno lema de «sálvese quien pueda».

No pondrían siempre en la calle a un desventurado periodista en prácticas, como se hace por sistema en los medios de comunicación cuando hay una pifia, ni terminaría empapelados en cadena los pringados, mientras el de arriba, el mandamás, el de la Ejecutiva, sigue tan pancho.

Sin llegar al extremo de Margaret Thatcher, aquella que soltó en el Parlamento un «yo disparé», cuando le pedían explicaciones por el ametrallamiento en Gibraltar de tres terroristas del IRA desarmados, los que mandan aquí podían asumir lo que les toca.

Y lo que les toca, a todos, sin excepción ni diferencias de color o siglas, es interiorizar que el poder conlleva inmensas ventajas y la enorme carga de proteger a los tuyos y responsabilizarte de sus errores.

ALFONSO ROJO

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