Julia Navarro

Un castigo ejemplar

Un castigo ejemplar
Julia Navarro. PD

Me pasa de vez en cuando, a pesar de que hay otras muchas noticias que por su trascendencia ocupan la atención prioritaria de la sociedad yo no soy capaz de sustraerme a la indignación y el dolor que me produce la impunidad con que actúan algunas personas (no debería utilizar el término de personas) torturando a los animales. Y desgraciadamente son recurrentes las noticias de que esto sucede con demasiada frecuencia en nuestro país.

Ahora mismo hay más de una treintena de personas detenidas por la guardia civil en la provincia de Huelva por haber mutilado a perros, con veterinarios incluidos por haber avalado esa salvajada. Rabos y orejas rebanados con navajas, así se las gastaban estos torturados de perros todos ellos cazadores.

Reconozco que no me gusta la caza, que me produce un malestar profundo que se pueda matar animales solo por el placer de matar. Pero dejando al lado esta opinión lo relevante es han sido varios cazadores los protagonistas de tamañas desmanes contra sus perros. Y por si fuera poco unos cuantos veterinarios desaprensivos a los que se les debería de prohibir ejercer el resto de su vida, han dado su visto bueno a estas practicas.

Si malo es que cualquier persona sea capaz de maltratar, en este caso torturar a un perro al que se le corta el rabo o las orejas sin ninguna medida sanitaria y sin ningún anestésico, peor es aún que estos salvajes escondan su fechoría con la ayuda de unos cuantos veterinarios. La pregunta es ¿qué tipos de veterinarios son? En mi opinión solo gentuza sin ningún sentido ético son capaces de tamaña villanía.

En los últimos tiempos parece que los poderes públicos empiezan a mostrar algún signo de sensibilidad y persiguen el maltrato animal. Ya hay sentencias ejemplares al respecto, pero sería importante que cuando tengamos nuevo gobierno, entre los muchos problemas que aborde, lo haga también con lo que se refiere al maltrato animal endureciendo aún más la ley para que no haya resquicios por los que puedan escaparse tamaños desalmados.

Un veterinario tiene la obligación de cuidar y sanar a los animales enfermos y si no cumple con ese principio elemental no se le debe permitir ejercer su profesión por haber quebrantado todos los principios deontológico.

Quienes han protagonizado esa carnicería contra los perros ovetenses solo merecen desprecio y la censura de toda la sociedad.

Quienes son capaces de dañar a un animal carecen de humanidad. A mi me dan asco.

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