Laureano Benítez Grande-Caballero

Espartaco Hood y los sacamantecas

Algo huele a podrido en el programa económico de Podemos, que encubre una mayor fiscalidad para la clase trabajadora

Espartaco Hood y los sacamantecas
Laureano Benitez Grande-Caballero. PD

Y nuevamente el Rasputín salió a su púlpito mediático, se arremangó la camisa -blanca, por supuesto- se aflojó el nudo de la corbata -roja, claro- y pontificó urbi et orbe, con estudiado ademán circense aureolado de ridícula chulería, de pantomima presidencial, rodeado de sus pretorianos, ujieres sin librea ni corbata, gorilas sin guayaberas.

Colocándose bien ante los focos su nimbo mesiánico, nos enseñó otra vez su Libro Morado, el Libro Gordo de Petete, su Biblia bolivariana, en la que descubre a los mortales la ruta hacia una Isla del Tesoro donde «la gente» será feliz, gracias a que los morados avatares podemitas arrancarán de los altos cielos el nirvana prometido, rescatándonos de una Patria en llamas por recortes y austericidios.

«¡Yo soy Espartaco!», declamaba obsesivamente… «¡Yo soy Espartaco: liberador de esclavos, azote del imperialismo, martillo de fachas y señoritos, perseguidor de católicos!».
«¡Yo soy Robin Hood!», bramaba ante las cámaras, con gestos largamente ensayados ante los espejos morunos generosamente regalados por los ayatollahs iraníes… «¡Yo soy Robin Hood: bandolero de Sierra Maestra, el Curro Jiménez de Vallekas, robador de ricos, rescatador de «los de abajo», a los que entregaré el vellocino de oro y el cuerno de la abundancia!».

Luego desplegó sus ábacos, y una lechera con cara de Bescansa, mientras amamantaba a su lechoncito, empezó a obnubilar al personal con una furibunda trágala de números millonarios:

«Rescatar al pueblo costará 100.000 millones de euros en cuatro años. Robaremos a los ricos, saquearemos sus cajas fuertes, destriparemos sus empresas y sociedades: aumentaremos los impuestos por Patrimonio, Donaciones y Sociedades; incrementaremos la fiscalidad del IRPF a las rentas altas; impondremos tasas a las transacciones bancarias; obligaremos a los bancos a pagar impuestos solidarios para que devuelvan el dinero con el que se los rescató, acabaremos con el fraude fiscal: 12.000 millones por aquí, 8.000 por allá, 3.000 por el otro lado…
Luego Bruselas consentirá en que aumentemos el déficit, aceptará que reestructuremos una parte de la deuda, aplazará los pagos para no asfixiarnos: 26.000 millones más a la saca.

Además, con el enorme crecimiento económico que originará el ataque a las empresas, a los bancos, a «los de arriba» -que son los que crean los puestos de trabajo-, obtendremos 25.000 millones más. También hay que contar con un formidable aumento del número de ocupados cuando los empresarios -ante tantas facilidades como les damos- se apresuren a contratar indefinidamente a trabajadores, subiéndoles además el sueldo mínimo hasta los 950 euros en el 2019. Al haber menos parados, pues nos ahorraremos prestaciones sociales. Éste es nuestro Gobierno del cambio».

Ante estas cuentas fantasmagóricas, a mí se me ocurre que el Libro Morado de Petete es la lechera en verso, hasta el punto de que todos acabaremos comiendo perdices para siempre. Pero hay nubarrones en el horizonte para don Espartaco y sus mesnadas, hasta el punto de que el cántaro se les caerá y será la releche: estamos en los inicios de otra posible recesión mundial, el IBEX se hunde, aumenta la prima de riesgo, Bruselas nos exige un recorte de 10.000 millones de euros, nuestro déficit es superior al 100% del PIB… Y la fiscalidad de nuestras rentas altas es ya la cuarta más alta de Europa, con lo cual tendrán que sacar los dineros exprimiendo a las clases medias y bajas, cuya fiscalidad por IRPF no está homologada con la de la eurozona.

Lo mismo sucede con el IVA, que esta chusma piensa subir -aunque no lo digan- a un tipo único del 25 % para todo lo que no sean alimentos o bienes culturales. O sea, más chupasangre a «la gente de abajo».

Ante estas verdades, las lecheras de Espartaco no podrán jugar más a disfrazarse de Robin Hood, pues no solamente no serán capaces de robar a los ricos -¿cuándo se ha visto que de manera pacífica los gerifaltes donen su dinero caritativamente a «los de abajo»?-, sino que a quienes robarán la cartera será a «la gente». De ser Espartacos pasarán a ser simples sacamantecas, chupópteros de la clase trabajadora, crueles sanguijuelas que nos asediarán en los pantanos de Hacienda, vampiros succionando nuestra vitalidad desde Transilvanias y Transamazonias venezolanas.
Por lo demás, es sumamente relevante que una parte significativa de la oligarquía financiera española no vea a Podemos con malos ojos -sino todo lo contrario-, a pesar del fuego graneado que caería sobre ella con las medidas económicas del Libro Gordo de la Lechera. ¿Qué quiere decir este enigma?: pues que aquí hay gato encerrado, que algo huele a podrido en Podemos.

Y no sucede en Dinamarca, sino en la hermana Grecia, donde los parientes radikales sacamantecas de los podemitas están cometiendo el mayor atropello contra la clase trabajadora que recuerdan los anales de la UE, masacrando al pueblo heleno con unos recortes mucho más duros que los que sufrían antes del acceso al poder de SYRIZA. Y en eso quedará el vademécum del Libro Morado de Robin Hood, sumamente parecido al «Plan Salónica»: más recortes, pero como los harán «gente», políticos «de los nuestros», pues a dejarnos sacar la sangre y las mantecas sin rechistar… Ver para creer: robar a los pobres para dárselo a los ricos.

Con esta política, se da el curioso hecho de que esta turba de energúmenos va a dejar en pie y respetar al menos una tradición española, aunque pertenezca a los dominios del horror: la del sacamantecas, personajes horrendos que inventaron antes que los nazis eso de sacar grasas de la gente para sus diabólicos fines, de los cuales tuvimos varios ejemplares en nuestro país, y que pasaron a ser verdaderos «cocos» que atemorizaron a generaciones enteras de niños, a los que los padres coaccionaban con su amenaza para que se comportaran según su dictado.
Sí: desde su pretensión de Espartacos han pasado a ser chupasangres; de sus ínfulas de Robin Hood se han metamorfoseado en sacamantecas. Es la leche.

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