Ignacio Camacho

«La ciénaga del Canal madrileño está ahogando las últimas esperanzas del marianismo»

"La ciénaga del Canal madrileño está ahogando las últimas esperanzas del marianismo"
Ignacio Camacho. PD

Ignacio Camacho le hace un completo repaso a Mariano Rajoy de por qué el PP está como está. Lo último en aflorar a la superficie, el escándalo del Canal de Isabel II:

Es una inundación. Las compuertas del Canal de Isabel II, la empresa de aguas de Madrid, han cedido bajo la presión judicial provocando un desembalse de residuos fecales. Una riada de escándalos arrastra los restos de la larga etapa de poder aguirrista en un siniestro aluvión que alcanza la calle de Génova y amenaza con seguir cuesta abajo hasta la carretera de la Coruña, donde las brigadas de Moncloa apilan sacos terreros de paciencia para construir diques de contención. La trama Púnica, con sus fondos de reptiles, sus facturas falsas, sus mordidas de adjudicaciones y hasta sus obras de arte en Suiza, anega el bastión más simbólico del PP en un desbordamiento de alcantarillas. La salida en polvorosa de Aguirre ha dejado desguarnecido a Rajoy, que siempre receló del entorno esperancista sin decidirse a invadirlo con la caballería; la única vez que lo intentó para evitar que Ignacio González presidiese Cajamadrid colocó en su lugar, vaya por Dios, a Rodrigo Rato. Ahora le moja los pies el aluvión sumarial en el momento más delicado, cuando lo último que le conviene es moverse sobre el barro.

Señala que:

De golpe el presidente tiene en los juzgados a toda la nomenclatura de sus grandes baluartes: Madrid, Valencia y Baleares. Los territorios donde se cimentaban las victorias y se consolaban las derrotas. Las redes cleptocráticas tejidas en la impunidad de los años felices se unen en vasos comunicantes, enlazando incluso a declarados enemigos políticos como Francisco Granados y González. El partido está roto, deprimido, desmoralizado. Las referencias de la etapa marianista andan desaparecidas, agazapadas, inadvertidas para escapar de cualquier posible salpicadura que invalide sus opciones de futuro. Algunos dirigentes creen que hay una conspiración de magistrados y suspiran de envidia al ver cómo el régimen susanista andaluz ha desactivado el caso de los ERE. Otros reclaman una catarsis generacional, una purga que desafecte a la organización de todo vínculo con el pasado. Casi todos saben que este desbordamiento arrasa cualquier posibilidad de pacto de investidura y compromete el resultado de una probable repetición electoral.

Y concluye:

Sólo Rajoy trata de mantenerse como casi siempre impávido bajo la tormenta, con los oídos tapados, desoyendo el ruido para posar como el candidato que en la práctica él mismo ha renunciado a ser; ayer tuvo el cuajo de ofrecer vicepresidencias a Sánchez y Rivera, cuyo principal consenso consiste en vetarle la reelección. Si hubiese sacado mayoría tendría un problemón de primera con esta torrentera de corrupción; con 123 diputados su situación se vuelve directamente insostenible. Como dice Granados en una conversación telefónica intervenida, «esto tiene una pinta mala, mala, malísima». Tan mala que en la ciénaga del Canal madrileño se están ahogando las últimas esperanzas -sin segundas- del marianismo.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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