Laureano Benítez Grande-Caballero

La plaza de Tánger la van a tomar

La basura cultural que nos invade desde los patios ocupas amenaza con extenderse a las calles céntricas de Madrid

La plaza de Tánger la van a tomar
Laureano Benitez Grande-Caballero. PD

Después de haber desayunado con las penúltimas podemitadas recogidas por la prensa mañanera, entrar en Madrid por las mañanas es hacerlo en un territorio komanche donde Carmena y su banda nos ofrecen el vodevil maravilloso de su arte patiokupa en psicodélicos cartelitos colgados de las farolas de las calles más céntricas.

Tras la grotesca carnavalada que exhibió en ellas su macarrerría, ahora le toca el turno a las felicitaciones del Año Nuevo Chino, al «Welcome to China». Los cartelitos llevan puestos tanto tiempo, que el año ya les habrá caducado, y más tratándose de un artículo chino, que ya se sabe lo que duran.

La felicitación incluye el rostro de un mono, pues este año es el del mono de fuego -vete a saber a qué político se puede referir esto, pero para mí está claro-. También se le llama «Festival de Primavera», con lo cual se adelantan al Corte Inglés, y es que por festivales que no quede en una ciudad tan «dispinpanante» como Madrid. Y, bueno, ya que nos metieron un dragón y todo en la kabalgaokupa, ¿no podríamos corresponder a Chinatown metiéndoles en sus fiestas un Jesús de Medinaceli, o un Jesús del Gran Poder, como signo de multiculturalidad, y para devolverles el favor?

¿Cuántos chinos viven en Madrid? Pues unos 50.000. Aun así, la Carmena les va a subvencionar sus fiestas con 150.000 euros, la misma cantidad que dará a la Semana Santa, que representa al 70% de los 3 millones de madrileños que se confiesan católicos. Si partimos del hecho de que las cofradías penitenciales sufragan sus gastos con las cuotas de sus miembros, no se comprende muy bien en qué se lo gastarán los chinos, que además tienen de todo en sus bazares, muchos con privilegios fiscales.
Y aún nos quedarán más cartelitos en las farolas, no se preocupen.

Por ejemplo, el «Welcome to Ramadán», que nos saludará más allá del equinoccio, y que también se llevará los 150.000 euros, a pesar de que la población islámica de la capital es muy minoritaria respecto a la católica, y a pesar de que en los muchos países musulmanes se aplique la pena de muerte por celebrar la Navidad. Y como el Ramadán se fundamenta en el ayuno y la abstinencia, tampoco ahora me salen las cuentas de en qué partidas se gastarán esos dineros que salen de nuestros impuestos.

Pasando por alto lo del inevitable «Gay´s welcome» -cuyos cartelitos faroleros presumo que serán también maravillosos y despiporrantes-, igual le cogen gusto los de AhoritaMadrid a esto de las farolas -de perroflauta a abrazafarolas no hay mucha diferencia- y se buscan un festival «HareKrishna» para welcomear a la boyante comunidad budista, cuya monserga cascabelera quedaría genial en la Gran Vía, si además les untamos con otros 150.000 del ala para que tintineen a gusto. O igual les da por montar el Festival del Botellón, que podría emular a la «Oktoberfest», solo que con menos salchichas. Y a la lista habría que sumar las fiestas de Hispanoamérica, que también tienen derecho a los 150.000 eurillos.

Y así iríamos, de fiesta en fiesta, hasta que reventaran las arcas municipales de tanta orgía festivalera. Teniendo en cuenta que cada zambra iría publicitada por sus correspondientes cartelitos faroleros y mamarracheros, la entrada en las calles principales de Madrid sería una apasionante incursión en un Parque Temático Okupa, , prueba fehaciente de que Podemos no va de farol, sino de farola. Y es que, en el fondo, la vida sigue igual: panem et circenses.
Pero, ojo, porque tras esta orgía de multikulturalidad no está solamente la intención paternalista de kulturizar a una población madrileña demasiado ensimismada en el chotis, el barquillo, la chulaponería, los mantones, el Jesús de Medinaceli y el vermú con aceitunas.

No, porque la conspiración festivalera apunta a una dimensión más maligna, más zapaterista: se trata, ni más ni menos, de minusvalorar nuestra Semana Santa, desvirtuarla, burlarse de ella haciéndola pasar por una más de esas fiestecitas exóticas y pintorescas, escondiéndola entre festival y festival para que pase como una celebración más, sin especial relevancia, y dotándola por eso de los mismos medios que a la Fiesta del Chivo.

No pueden prohibirla por decreto, como les gustaría, y se han inventado lo de las multiculturalidades solsticiales chinas y ramadánica-equinocciales para atacarla, poniéndola en plano de igualdad con el resto del pandemónium festivalero.

Pero de algo sí estoy completamente seguro: los presuntos 150.000 euros que darán a la Semana Santa no alcanzarán para que los AhoritaMadrid coloquen en las farolas de nuestras calles imágenes del Gran Poder, la Macarena o Jesús el Pobre, diciéndonos de paso «Feliz Semana Santa». Y tampoco nos dirán desde la fachada de Cibeles eso de «Welcome Semana Santa».

Sin embargo, no nos podemos quejar, pues yo prefiero ver en los cartelitos faroleros la cara de un mono chino o de un Buda gordinflón que algo parecido a lo que están tragando los pobres madrileños de Tetuán, que no ganan para sustos, pues en aquel distrito igual un Muñeco diabólico te viola una monja, que te cuelgan un juez, te apuñalan un banquero, o te endilgan una exposición de mierdarte a la que llaman «genitarte», que parece programada por la «madrenuestra» barcelonesa del otro día, aquelarre sexual exhibido en un Centro de Cultura donde se muestra un gran surtido de genitalidades femeninas a la vista de infantes y padres.

Porque la plaza de Tetuán ya ha caído, y ahora van a por la de Tánger. Todo empezó cuando la pachamama Montserrat Galcerán accedió a la concejalía de ese distrito, que desde entonces iba a convertirse en la punta de lanza de la podemización de la vida cultural madrileña, cogiendo el testigo de los okupas del patio maravilloso. Y así crearon el «patio Tetuán», pionero de una revolución nauseabunda que ya ha dado sus podridos frutos: titiritetuaneros y «genitarte», engendro obsceno vomitado por la banda «Sexpol».

O sea, que Tetuán es desde ya el epicentro de esta movida okupa, de esta revolución kultural que ha recogido el testigo del patio maravilloso. De momento, los vecinos no se han manifestado en masa para echar a la Galcerán, y así les va y les irá. ¿Tendremos «genitarte» tetuanero en las farolas de Madrid? Ya le gustaría hacerlo a la banda de okupas que nos gobierna, ya, pero hasta ahí no llegarán. Pero algo inventarán para provocarnos, y más ante el apetitoso manjar de una Semana Santa que les afila sus colmillos carniceros. Atentos a la pisada, porque, como dice la canción, «la plaza de Tánger la van a tomar,/ también han tomado la de Tetuán».

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído