Fernando Jáuregui

Pero, ¿qué diablos va a preguntar Sánchez a sus bases?

Pero, ¿qué diablos va a preguntar Sánchez a sus bases?
Fernando Jáuregui. PD

Entramos en una semana decisiva más. Una más, y una menos en el conteo hacia las cada vez, ay, parece que más probables elecciones repetidas.

Es lo que, supongo, se ha estado tratando de evitar este fin de semana, en el que algunos teléfonos no han cesado de comunicar. Y es que Pedro Sánchez tiene que anunciar algo, algún acuerdo con alguien, en las próximas horas: Ciudadanos es el candidato más probable, Podemos el más improbable, vistas las diferencias programáticas (y de talante) entre el propio Sánchez y el indómito Pablo Iglesias.

Van a ser, en todo caso, jornadas de sorpresas las que nos aguardan hasta que el secretario general del PSOE consulte a sus bases si les gusta o no el pacto al que debe haber llegado de aquí al fin de semana, que es cuando tendrá lugar, digo yo, ese referéndum interno del que se desconocen las modalidades, la pregunta, la forma y el fondo.

Pero, oiga, ¿qué diablos va a preguntar Sánchez a ‘sus’ militantes? Yo diría que el desconcierto reina en las filas socialistas. No creo que esos doscientos mil afiliados que el PSOE dice poseer –hace cinco años eran oficialmente el doble– se precipiten precisamente hacia las urnas internas este fin de semana.

Pero sí estoy seguro de que votarán ansiosamente por el ‘sí’, sea ese ‘sí’ a lo que sea, al menos esos dos mil que tienen algún cargo que conservar: menudo sapo tendrían que tragar las Zaida Cantera o las Irene Lozano si ahora tuviesen que conseguir que volvieran a incluirlas en tan destacados puestos como ahora lucen en la candidatura madrileña del PSOE, por ejemplo.

Las reglas que se ha dado a sí mismo Sánchez nada dicen acerca de qué porcentaje de votos afirmativos es necesario para considerar válido el referéndum interno, así que yo diría que, sea lo que sea lo que se pregunte y sea cual sea el pacto (provisional, claro, que otra cosa será lo que ocurra tras la sesión de investidura) al que llegue con otras formaciones, el secretario general socialista se apuntará un ‘set’ en el recuento de votos propios el domingo que viene.

Cosa diferente, claro está, es ganar el partido. Porque lo más probable es que Sánchez no logre hilvanar los acuerdos suficientes como para salir investido presidente del Gobierno por mayoría simple en la segunda sesión del sábado día 5 (en la primera, el día 2 de marzo, es casi totalmente imposible que consiga una mayoría absoluta: ¿con quién podría hacerlo?). Y entonces, si, ese sábado 5, su arriesgada voltereta en el trapecio sin red no sale…

La verdad es que me parece que ni él mismo puede imaginar, a estas alturas, lo que ocurrirá. La ya sorprendente (y brillante, es cierto) carrera política de Pedro Sánchez podría, entonces, batir récords de brevedad, porque lo cierto es que hay correligionarios que, aunque vayan a votar ‘sí’, o eso digan, en la consulta del sábado próximo, 27 de febrero (bueno, ni la fecha es aún definitiva), tienen ya el hacha de cortar cabezas preparada: Sánchez ha desafiado demasiadas convenciones como para no temer algunas revanchas, y son varios los que aguardan, a la puerta de sus sedes, ver pasar su cadáver llevado a hombros por miembros de la Ejecutiva federal.

Poco más se puede prever. Me parece que, a estas alturas, ni Sánchez puede ya pactar con Podemos, ni Podemos quiere hacerlo –si es que alguna vez quiso de verdad– con Sánchez.

Aunque quién sabe si la política volverá a hacer nuevamente extraños compañeros de cama: ufff, aquí todo es posible. Lo que ocurre es que esta situación, la más extraña y complicada que haya vivido la política española desde aquel 23 de febrero infausto de 1981, treinta y cinco años ya, no puede prolongarse.

Claro que no comparo aquella ridícula asonada, protagonizada por un Tejero hoy libre y ¡opinando sobre la situación política!, con lo que hoy nos ocurre; pero sí digo que entonces la democracia y la unidad de las fuerzas políticas salieron favorecidas del trance, lo mismo que la Corona.

Y no estoy del todo seguro de que ese sea el caso en la actualidad, cuando hasta al presidente del Gobierno en funciones los suyos le dicen que están «hasta los cojones» de la corrupción que se ha dado en su propio partido. Nada más que eso digo. Nada menos.

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