Andrés Aberasturi

Alquilar la Moncloa

Alquilar la Moncloa
Andrés Aberasturi. PD

La columna de hoy quizás sea más corta de lo habitual y bien sabe Dios que no es por falta de temas, que los hay y muy apasionantes, sino mucho más por desconocimiento personal mío y falta de criterio. Sea como fuere, la posibilidad –al parecer ya confirmada– de que Belén Esteban mezclara verdad y ficción en su muy vendida autobiografía publicada en 2013 bajo el título «Ambiciones y Reflexiones» nos lleva a una seria preocupación sobre nuestro futuro en Europa.

Todo parece indicar –según fuentes contrastadas– que fue Boris Izaguirre el redactor del libro mientras que la llamada «princesa del pueblo» le contaba su vida como fue o como pudo ser.

Por otra parte no sé si tranquiliza saber que Antonio David ya puede pedir la custodia de su hijo y si eso es bueno o malo; lo importante es el bien de niño. Pero, para dudas serias, las del pueblo español que espera perplejo la respuesta a una gran incógnita aún por desvelar y que, imagino, se estará negociando en las más altas esferas: ¿quién será la sustituta de Raquel Sánchez Silva en «Supervivientes»?.

Al parecer en Mediaset hay muchas líneas rojas y no parece fácil poner de acuerdo a unos y otros. Lo que sí se sabe ya es algo sobre el casting para la nueva edición: por ahora sólo hay un confirmado:*Christian, ganador de ‘Pasaporte a la isla’, aunque no se descarta esperar también la llegada de algún extronista, pretendientes, viejos conocidos de ‘Sálvame Deluxe’, o el viaje de algún colaborador del programa.

Y es aquí ya cuando me pierdo definitivamente porque no tengo ni idea de quién es el tal Christian, en qué consiste exactamente ser «extronista» y ni siquiera sé los requisitos necesarios para acceder a esa condición, si basta con mayoría simple o es necesaria una cualificada y, en todo caso, si alcanzar la categoría de «extronista» lleva aparejado o no el aforamiento.

Hasta aquí puedo llegar porque no es profesional escribir de lo que o se sabe o entiende. Y me pasa ya lo mismo con los temas que hasta ahora he ido tratando en esta columna. Leo los periódicos de papel, los digitales, oigo las tertulias, llamo por teléfono no hay forma de que coincidan nadie con nadie en la visión de cuanto ocurre que no dista mucho de ese otro mundo al que llamamos del corazón.

Por los pasillos del Congreso se pasean biografías disfrazadas, negociaciones que se niegan, aforados pendientes de juicio, quienes reclaman la tutela del slogan «programa, programa, programa», perdedores, supervivientes, aspirantes que piden a gritos «sálvame» mientras que los encuestadores oficiales de resultado de posibles nuevas elecciones difieren radicalmente unos de otros.

No sé con qué quedarme. No sé si sería bueno intercambiar los papeles porque la clase política ya no da más de sí: vuelan sobre todos ellos amenazas de ruptura, reuniones previas para tratar de qué se puede tratar, listas con negociadores de la parte contratante de la primera parte que se van cambiando según sean las listas de negociadores de la parte contratante de la segunda parte, noviazgos imposibles, celos, negaciones y varios jueces en las puertas esperando a posibles no aforados.

No merece la pena escribir sobre todo esto. Los lectores/electores se merecen un respeto que los políticos no les tienen. Que hagan lo que quieran o que alquilen habitaciones para pernoctar en La Moncloa tres días dos moches como los viajes a Londres. Habría cola y lo mismo se sacaba un dinerito y bajaba la prima de riesgo que empieza ser -otra vez- lo que su nombre indica: un riego.

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