La Marea de Pérez Henares

Boda en «Pasarela Investidura»

En Madrid se celebra estos días la, antes llamada, pasarela Cibeles, a la que ahora han bautizado en inglés con un nombre que no me da la gana aprenderme y llevamos mas de dos meses con un desfile ininterrumpido de los “cuerpos” políticos en la Pasarela Investidura, Salimos a diez posados por día y barba y veinte ruedas de prensa mínimo por jornada, con los mismos maniquís dando vueltas entre la sonrisa, el contoneo erótico y la seriedad impostada de la mirada trascendental al infinito y con la misma música de monsergas resonando en nuestros oídos y retransmitida en sesión continua, a todas horas y cada uno de sus minutos por tierra mar y aire, o sea por prensa escrita, radio, televisión y redes.

La Pasarela Investidura me ha terminado de estragar la afición a la política. No tengo ni para un pase ni para un posado más. Solo espero resultado. Pero me temo que voy a tener que esperar sentado.

Entre los sucedidos recientes hemos tenido la imposición del “modisto jefe”, Patxi López de una sesión completa, para empezar marzo, un día enterito de su top model favorito, Pedro el Guapo, para que desfile en solitario, sin que nadie le haga sombra y aún menos le rechiste. Todas las televisiones para Sánchez , es el grito en el camerino del PSOE.

La presunta novedad, en estas artes, también presuntas ellas, casi todo es presunto y artificioso, ha sido un anuncio de boda, con su paradiña, dengue y petición de mano, o me das esto o te digo que no, cuando ya todo estaba pactado, con acuerdos de esponsales entre el galán socialista y el de Ciudadanos, entre Rivera y Sánchez. Todo ello proclamado con mucha parafernalia y boato, que si es pacto de investidura y de gobierno y que si van a reformar no se cuantas cosas de la Constitución entre ambos. Todo muy engolado y pregonado. Pero con un problema de mucho fondo, enjundia y simpleza: que no hay ni tierras, ni votos ni escaños para hacerlo. Que por un lado dependen de un padrino al que el uno ha despreciado, vejado y echado de toda ceremonia y que ya ha dicho, no puede ni debe decir otra cosa, que nones de nones ,o de otro que si puede aportar los poderes aunque sea en compañía ciertamente indeseables, pero que exige que la boda, sea en exclusiva con él y en régimen de gananciales, a medias la Moncloa vamos, y que se dejen de pamplinas.

Vamos que el anuncio de boda de martes, miércoles y de todos los telediarios venideros que se campanea como de investidura, de gobierno y de cambio constitucional no lo es ni de una cosa, ni de la otra y aún menos de la tercera. Que no hay masa para el pastel y que en realidad lo que se anuncia y se representa es otra cosa. Es un sainete, es pura tramoya pero con un fin muy bien medido. Es el previsible inicio de una campaña electoral que ¡santo Dios! nos durará hasta el verano y los objetivos de todos los presuntos novios y los de las amonestaciones es el mismo: parecer que ha sido el otro el culpable del desaguisado.

En este sentido son bastantes los que dicen que Sánchez y Rivera se lo han montado mejor que nadie. Que el primero no será de estas primeras dadas presidente pero ha salvado el sillón en el partido y el puesto de candidato no va a disputárselo nadie y que Rivera ha emergido como hombre de Estado capaz de llegar a acuerdos y hablar con todos. Que los perdedores son Rajoy e Iglesias que ahora con esta fanfarria están tocados como aguafiestas. Yo no lo tengo tan claro. Rajoy y el PP por estos devaneos no creo que pierda nada, su herida sangrante y por la que desfallece es la corrupción en todas sus carnes vivas e Iglesias además tiene la coherencia de su lado y su gente lo entiende. Tiene los mismo votos casi Sánchez, y con Garzón le supera, y su mensaje es claro. Ese es el acuerdo de izquierdas, pero con reparto equitativo que tu a mi no me chuleas y después de quedarte con mis votos y abrirte la puerta del poder me dejas tirado en la calle. Como ha hecho el PSOE siempre con su izquierda cuando eran mucho más pequeños pero ahora es que son casi igualitos a ellos.

En cuanto a las ganancias de Ciudadanos pues es cierto que ellos rezuman euforia y hay encuestas por ahí que lo avalan. Pero a mí me surge la duda de aquellos votantes provenientes del PP y que los ven tan abrazaditos a Sánchez y amarraditos por todo ese cartapacio firmado de puntos y promesas. No sé si a la hora de la verdad y de las urnas, y eso no sería nuevo para Ciudadanos tras ese segundo tiempo que siempre se les hace muy largo, no encontremos otra vez con que las nueces son mucho menos que el ruido. O vete tú a saber si los novios hoy declarados ya formales y con sortijas cruzadas no deciden ir juntos a las elecciones. Que sería lo suyo si lo tienen todo tan acordado. Pero me barrunto que no. Que en esta comedia quedan todavía mil enredos. Para los que, lo confieso, no tengo risas ni ganas. Este sainete interminable cada vez me sienta peor y cada vez lo percibo más como un insulto a la inteligencia de los ciudadanos, como una pantomima engañabobos que provoca hartazgo y una creciente aversión, no solo en mi sino en muchas de las gentes del común con las que trato.

¿Es esta, y esto, la tan cacareada “Nueva Política”? Pues es, casi, como para quedarse con la «vieja».

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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