Francisco Muro de Iscar

Pactar, construir, conciliar

Pactar, construir, conciliar
Francisco Muro de Iscar. PD

Una gran mayoría de españoles no pondría muchas pegas al documento presentado por Pedro Sánchez y Albert Rivera. Una gran mayoría vería con buenos ojos un pacto de gobierno que diera estabilidad a España, que acometiera las reformas imprescindibles para un período superior a una legislatura -el empleo, la corrupción y la regeneración democrática, la educación, la sanidad, la justicia, Cataluña y el País Vasco- y que diera esperanza a los cuatro millones de parados, a los inversores potenciales, a los ciudadanos.

El día en que dejemos de hablar de corrupción, de pactos y de elecciones, la gran mayoría de los españoles respirará tranquila porque miraremos la acción de gobierno de quien sea y dejaremos de otear el horizonte de la inestabilidad. Iba a decir que una gran mayoría de ciudadanos aceptaría cualquier coalición si nos saca del desgobierno, pero creo que algunas opciones son el desgobierno.

Con las cosas de gobernar no se debe jugar. Lo estamos viendo en algunos ayuntamientos donde gobiernan las mal llamadas fuerzas de progreso.

PSOE y Ciudadanos, o mejor Sánchez y Rivera -hay que ver lo que dicen sus ejecutivas- han echado del centro al PP y han arrinconado a la izquierda a Podemos que sigue siendo el principal adversario del PSOE, muy por delante del PP. Ciudadanos que perdió las elecciones en las que aspiraba a estar entre los tres primeros, ha ganado el centro al PP, que es también su socio potencial y su enemigo principal.

Ha sido el único partido que, de verdad, ha apostado por la gobernabilidad. El PSOE y Sánchez lo han hecho por la supervivencia: gobierno o muerte. Pero han marcado el territorio en el que se va a jugar la batalla final: el centro y la calle. No es momento para extremos ni para espantadas. Por eso -y por su incapacidad para controlar la corrupción interna- Rajoy está fuera de la partida. O se da cuenta él o se lo tendrán que hacer ver los suyos.

El problema es que este «Programa a dos» es, de momento, un brindis al sol. Con 130 diputados no se va a ninguna parte y para muchas reformas no basta ni siquiera con el improbable apoyo de Podemos -que hay que ver si digiere el ataque de cuernos- sino que se necesita al PP. Sánchez tiene todavía alguna bala en la recámara que pasaría por hacerle la cama a Podemos, dividir sus «mareas» y pactar con algunos de los minigrupos, además de con el PNV y con algún otro resto. La opción de que Podemos trague con tal de tocar poder parece muy improbable, aunque «mataría» por ello.

Lo razonable es que Sánchez no consiga nada y tenga que plegar. Y que con otros protagonistas, aunque tal vez con las líneas maestras de este pacto, se negocie a tres bandas, una de las cuelas no será Podemos. La solución estaría en buscar un presidente independiente con auctoritas o en que el PP ofreciera a alguien capaz de quemarse en una legislatura y no volver a presentarse. Eso o nuevas elecciones y, tal vez, más de lo mismo.

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