Antonio Burgos

«Los pactos de Sánchez el Guapo con Rivera el Vanidoso hablan de suprimir las diputaciones. Son unos insensatos»

"Los pactos de Sánchez el Guapo con Rivera el Vanidoso hablan de suprimir las diputaciones. Son unos insensatos"
Antonio Burgos. PD

Antonio Burgos, con su fina ironía, se pregunta cómo pueden vivir las comunidades uniprovinciales sin esas diputaciones que tienen otras autonomías y que no sirven más que para trincar, trincar, trincar y volver a trincar:

He pasado tres deliciosos días en Oviedo, adonde fui en vuelo directo de una compañía con nombre de cigarrón: Volotea. Quien me conozca y sepa lo poco que me gusta meterme en carretera me preguntará: – ¿Y qué se le ha perdido a usted en Oviedo? Pues no se me ha perdido nada. Por el contrario, he hallado. He hallado la profesionalidad, seguridad y amabilidad del profesor don Luis Fernández-Vega, que en su Instituto, al que va media España y parte del extranjero, me operó de los clisos hace ya un Carnaval y debía revisarme. A don Luis le entregan esta semana el premio de Ovetense del Año, que se ha ganado a pulso y por el que públicamente le felicito en nombre de cuantos nos cuida los sacáis. ¿Cuántos vamos a Oviedo para que nos vea Fernández-Vega, inventor del «turismo oftalmológico asturiano» en beneficio del Principado? Llegas a su Instituto y te encuentras a media Sevilla. Unos amigos que están ahora allí para el segurísimo catarateo de rigor, me comentaban:

-Mira, llegamos a la clínica y había tanta gente conocida de Sevilla que aquello parecía la caseta del Aero…

Dice que:

¿No hablan de un «turismo sanitario»? Pues gracias al «turismo oftalmológico» del profesor Fernández-Vega muchos hemos descubierto la maravilla de Oviedo. Ciudad que tiene un atractivo en peligro de extinción y en alto riesgo: el encanto provinciano de «La Regenta». A mí Oviedo me recuerda mi Sevilla pre-Expo de hace treinta años. Quizá sea la capital española con menos franquicias por metro cuadrado y más comercios tradicionales, como esa monumental y artística confitería Rialto, la de las moscovitas y las princesitas, que tiene una decoración que la ves y te crees un indiano asturiano que ha llegado de vuelta a La Habana.

Sobre tales encantos aquí someramente descritos, Oviedo me ha inquietado, empero, por otra cuestión. Como autonomía uniprovincial, ¡no tiene Diputación! Mecachindiez… ¡Con lo bien que le vendría una Diputación a Asturias! En los pactos de Sánchez el Guapo con Rivera el Vanidoso hablan de suprimir las diputaciones. Son unos insensatos. Yo no sólo no las suprimiría, sino que impondría diputaciones obligatorias en las autonomías uniprovinciales que no las tienen. No hay derecho. A ver: Murcia, Navarra, La Rioja, Madrid y esa Montaña de Castilla a la que apodan Cantabria, ¿por qué han de padecer este agravio comparativo de no gozar de las excelencias de las diputaciones? Eso es asimétrico e inconstitucional: que unas autonomías tengan la mamandurria de las diputaciones y otras no. Vamos a ver: en esas autonomías sin diputaciones, ¿dónde colocan a los alcaldes del partido dominante en la provincia cuando pierden las elecciones y se quedan con una mano detrás y otra delante, ya que desde que estaban en Nuevas Generaciones o en las Juventudes Socialistas no han hecho más que vivir de la política y no la han doblado en su vida en empresa alguna, ni han estado dados de alta en la Seguridad Social como trabajadores por cuenta ajena y no de la Teta del Estado?

Y remata:

En las autonomías sin diputaciones, ¿quién larga a la Junta de turno el mochuelo de los viejos hospitales provinciales, de las carreteras vecinales, de la asistencia psiquiátrica, de la Sanidad del antiguo Padrón Benéfico? ¿Quién monta chiringuitos culturales para colocar amiguetes con carné del partido? ¿Pero cómo pueden subsistir estas autonomías uniprovinciales sin los cementerios de elefantes de las diputaciones? ¿Qué hacen con los elefantes políticos cuando la palman en las urnas? ¿Los incineran? Nada, nada: igual que los que viven de ellas piden que no las supriman, yo, como encantadísimo turista oftalmológico de Oviedo, pido una Diputación para el Principado de Asturias. O mejor dos: una para Oviedo y otra para Gijón. Y como los huevos duros del camarote de los Hermanos Marx: ¡y dos carbayones! Pero de grandes como el legendario y centenario que estaba en la calle Uría.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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