Santiago López Castillo

Leña al mono, que es Mariano

Leña al mono, que es Mariano
Santiago López Castillo. PD

Vengo advirtiendo que tras las elecciones a Mariano Rajoy le iba a caer la del pulpo, que dice Alfonso Rojo. El cefalópodo es apaleado, muerto y sepultado en la cama de madera con grelos y demás aditamentos para ser un señor pulpo a feira. Sus rivales, qué digo los rivales, los enemigos, o sea, los perdedores piden la retirada de Rajoy, poniéndole a caldo, gallego, se entiende. Y si es tan malo, indecente en versión Sánchez, amortizado, con fecha de caducidad, entre otras lindezas, no entiendo por qué los trileros de la izquierda la tienen tomada con el fraile motilón, como servidor le llama a veces por su bonhomía. Que muera por inanición.

No lo entiendo, palabrita del Niño Jesús, no el Niño de la Bola, como defino a Albert Rivera por sus trolas y por su rodar cuesta abajo según le convenga. Tampoco trato de ser Marhuenda, que no para de decir que trabajó con él, bla, bla, bla, pero el líder («todavía», adverbio de los atipopulares) me parece una persona seria, responsable, honesta, que, entre otros méritos, gestionó eficazmente el «Prestige», aquel barco que «enguarrinó» las aguas gallegas y que un bocazas socialista, hooligan del puño y la rosa, pronunció aquello de «con otro Prestige ganaremos las elecciones». Dicho y hecho.

Mas no conviene perderse en episodios pasados aunque sean muy recientes por su dimensión y eco social. El «todavía» presidente en funciones, pese haber pedido disculpas, no puede ser el pastor único de un rebaño de 860.000 afiliados. En esta campaña feroz, «El País», baularte del PSOE y ariete para el derribo de la derecha, caiga quien caiga, sale con un sondeo, una opinión, un vaticinio, un deseo, en el que el 75% de los militantes del Partido Popular desea que se vaya Rajoy. No son mis informaciones, en estos tiempos convulsos que vive España. Y es que el diario de Prisa es inasequible al desaliento para triturar una formación política democrática que por segunda vez ha sacado de la ruina a nuestro país, nación también es lo suyo, y eso que Sáez de Santamaría y de Guindos ayudaron a salir de la crisis económica a mi buen amigo Juan Luís Cebrián.

Es -y voy al fondo de este comentario- muy peligroso jugar a adivinar el futuro pero creo que este acoso y derribo al líder de los populares es contraproducente para sus exterminadores, que igual se crece y entona el canto del cisne. Sánchez, el vendedor de la planta de caballeros de El Corte Inglés, teme salir trasquilado en este programa de «reina por un día» y se aferra como un clavo ardiendo ante su denostada derecha, centro, ar. Por ahí, por el sumidero, también puede irse el Niño de la Bola, que mete trolas como puños, y puede resultar más falso que Judas.

Lo políticamente correcto tiene estas cosas.

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